Una nueva época...
Aprovechando el cambio de formato que se produce en nuestra revista, parece interesante hacer un ejercicio de memoria y recordar muchas de las opiniones –sobre la situación económica de nuestra región y por ende de casi toda España– que desde estas páginas hemos vertido.
JULIO R. NAVARRO ANTÍN [Abril 09] A lo largo del año 2006 nos preguntábamos: ¿Por qué no llego con cierta holgura a fin de mes cuando antes sí que lo hacía?. Haciendo referencia a que los hogares españoles dedicaban al pago su hipoteca alrededor del 50% de su presupuesto de gastos y que además de ésta, su perfil de gasto mensual y comparado con el de hace algunos años, no muchos, era a todas luces ineficiente. Lo cual intentaba reflejar claramente que estábamos viviendo, todos en general, por encima de nuestras posibilidades como país, nos creíamos más ricos de lo que realmente éramos –ilusión monetaria– y que fundamentalmente estábamos generando una burbuja que en algún momento estallaría sin ningún tipo de contemplación.Año 2007
Durante el año 2007, hacíamos referencia a crecimiento económico y entre otras cosas decíamos que “amarás el crecimiento económico equilibrado y sostenido sobre todas las cosas y distribuirás la riqueza generada de la manera más eficaz y eficiente y con la mayor justicia distributiva posible ”.
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Nos referíamos a la tormenta ocasionada en Estados Unidos por las hipotecas subprime y manteníamos que “en España en principio no existen hipotecas basura, aunque es probable que las entidades financieras, ante el boom inmobiliario de los últimos años, tengan en sus balances algún que otro crédito de dudosa calidad y decía que “ esta situación anómala….. tendrá mucho más que ver con la economía real que con las turbulencias originadas por la crisis hipotecaria estadounidense”.
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Año 2008
Continuando con nuestra idea de que los incrementos salariales deberían tener más que ver con la productividad que con otra cosa, en enero de 2008 decíamos que “para mantener esta situación y potenciarla si cabe, no existen formulas mágicas y probablemente todas confluyan en cuatro conceptos fundamentales: Formación, Conocimiento, Creatividad e Innovación, estos son, según la mayoría de los entendidos en la materia, los elementos diferenciales de las empresas del futuro”. Y que las empresas que sepan integrar en su planificación estratégica estos conceptos y a la vez sean capaces de hacer participes a los trabajadores de sus proyectos y retribuirlos en función de la riqueza creada, tienen el futuro de su parte. Para que todo lo anterior ocurra, es del todo punto imprescindible la calidad de las instituciones, tener un sistema financiero puntero, una sociedad con capacidad para emprender e innovar y la necesaria flexibilidad de tipo organizativo que a de asistir a las empresas.
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Escribíamos sobre el colaborador necesario para crear la burbuja inmobiliaria diciendo que “no es difícil encontrar un curso básico sobre gestión económico-financiera en donde se explique a los alumnos que: crecimientos exponenciales de balance, excesivo apalancamiento (deuda), ingresos poco o nada diversificados, etc., etc., no son buenos compañeros de viaje en la gestión empresarial, que mala es la avaricia ”. Pero si sobre el sector inmobiliario decíamos, se ha escrito hasta la saciedad, poco se ha dicho sobre el colaborador necesario y es verdad que no suficiente para que todo esto haya ocurrido, el sector bancario...
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También incidimos de manera ostensible y extensa sobre dos argumentos fundamentales, la negación de la crisis y el cambio de modelo productivo. Así en plena efervescencia de la Expo, que lejos queda, escribíamos un artículo bastante extenso que titulábamos ¿Por qué lo llaman desaceleración, cuando quieren decir crisis... Manteníamos que “el momento puede resultar inmejorable para cambiar el patrón de crecimiento de nuestro PIB. El crecimiento derivado de la utilización masiva y barata de capital y trabajo se ha agotado” .
Proponíamos que “Junto con las políticas de demanda que pueda proponer el Gobierno de nuestra región, en la mente de todos están, entendemos que el acento se debería poner en las políticas de oferta (formación, investigación, innovación, cultura emprendedora, etc., etc.). Los nuevos empleos se deberían crear en empresas que tengan vocación y visión global, entendiendo que el mercado al que se dirigen, es un mercado totalmente globalizado (internacionalización).

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