Bolonia, el plan que revolucionará la Universidad
Este macroproyecto educativo nacido bajo los auspicios de la UE está llamado, con su inminente entrada en vigor el año próximo, a cambiar drásticamente el panorama universitario español.
RAMÓN RUIPÉREZ. [Abril 09] Se trata de la reforma educativa universitaria más ambiciosa de la historia y entrará en vigor el año próximo, cambiando radicalmente la fisonomía de la universidad en España. Hablamos del Plan Bolonia, un macroproyecto educativo que comenzó a gestarse en 1999 en la ciudad italiana que le da nombre en el marco de una reunión de los ministros de Educación de los entonces 29 países miembros de la UE. Desde aquella inicial reunión en la que se firmó la denominada Declaración de Bolonia ha transcurrido toda una década y se han ido sucediendo otras cumbres europeas para dotar de formas y contenido este proyecto (Praga –19 de mayo de 2001–, Berlín –19 de septiembre de 2003–, Bergen –19 y 20 de mayo de 2005– y Londres –18 de mayo de 2007–), al que se han ido sumando otros países de la UE hasta llegar a los 46 que actualmente están adscritos a él. Con la Declaración de Bolonia se buscaba promover la homologación de los títulos en la UE y fomentar la movilidad de los estudiantes y profesores. Con esta filosofía de fondo, el Plan Bolonia comenzó a desarrollarse y sus bases y principios rectores comenzaron a perfilarse hasta llegar al grado de desarrollo que hoy conocemos. Sucintamente, el Plan Bolonia, gestionado por el Espacio Europeo de Educación Superior, tiene como fin último el europeizar la universidad, hacer lo propio con los conocimientos y, con ello, abrir las puertas del mercado laboral de toda Europa a los universitarios, dotando a los estudiantes de una mayor movilidad laboral en el futuro. Porque, a efectos prácticos, el Plan Bolonia homogeneizará y equiparará las titulaciones entre todos los países miembros y reordenará el espectro de títulos de las universidades públicas.
Si bien es cierto que el Plan Bolonia cuenta con el apoyo de buena parte del colectivo estudiantil y de claustro, el hecho es que las voces discrepantes con el proyecto educativo también son numerosas y se están dejando notar. Así, en los últimos meses, las universidades de Barcelona y Alicante han sido escenario de distintas movilizaciones y protestas estudiantiles (manifestaciones, encierros, huelgas de hambre de alumnos…) contra el Plan Bolonia, proyecto cuya implantación consideran va a llevarse a cabo sin el diálogo previo necesario para aclarar muchas incógnitas que su puesta en marcha va a generar.
La Universidad de Zaragoza también se hizo eco de estas protestas estudiantiles y es por ello que el pasado 9 de diciembre una veintena de estudiantes de la Asamblea en Contra de la Privatización de la Universidad (ACPU) llegaron a ocupar el Rectorado del campus de la Plaza San Francisco. Los alumnos permanecieron encerrados más de cien días en el edificio Interfacultades como medida de protesta. Pero ahí no acaba el asunto, porque incluso en el seno del claustro también sonaron voces disidentes con el Plan Bolonia. Sin ir más lejos, el pasado 27 de marzo sesenta profesores presentaron un manifiesto en contra del Plan Bolonia, argumentando que “el proyecto más ambicioso de la historia” de las reformas universitarias se iba a acometer con "objetivos elitistas" pero “sin documento de acompañamiento presupuestario y sin plan progresivo de adaptación del profesorado y de adecuación de las estructuras”. Asimismo, en dicho manifiesto podía leerse también que el Plan Bolonia representará un “riesgo evidente de privatización de la gestión y de mercantilización de la universidad pública". Juzgado por unos o por otros el Plan Bolonia puede resultar brillante o utópico, un paso adelante en la europeización de la docencia o un retroceso educativo, un reto ambicioso de futuro o un craso error en la concepción de la naturaleza universitaria. En cualquier caso, a día de hoy sólo se pueden pesar los pros y los contras de este proyecto, explicados de manera sucinta en el reportaje, en una imaginaria balanza subjetiva y extraer conclusiones personales, porque de extraer datos objetivos se tendrá que encargar el paso del tiempo y la experiencia. Sea como fuere, el hecho es que España se enfrenta a la mayor revolución docente universitaria de su historia, y afronta este reto con un horizonte lleno de incógnitas todavía por resolver.

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