Una nueva época... (II)
En el articulo del mes de abril hicimos un ejercicio de memoria recordando algunas de las opiniones vertidas en estas páginas sobre la situación económica española y aragonesa, ahora intentaremos reflejar la situación en la que nos encontramos y en una tercera entrega hacer algunas reflexiones hacia donde pensamos deberíamos ir.
JULIO R. NAVARRO ANTÍN [Mayo 09] La economía española, y por tanto la aragonesa, ha registrado en los últimos 12 ó 14 años un crecimiento económico —medido en términos de incremento del PIB— con tasas muy superiores a los países de nuestro entorno, que nos ha permitido acercanos de manera significativa y real a los estándares de algunos de los indicadores de los países más desarrollados.
Parece bastante acertado afirmar que este crecimiento económico se ha debido fundamentalmente a cuatro factores externos:
Pues bien, también parece bastante acertado decir que una de las causas (drástica reducción de los tipos de interés) de este fuerte periodo expansivo ha sido la causante de la generación de una de las mayores crisis que se ha conocido en la época moderna.
Crisis que, en el caso español al igual que en otros países, se ha visto seriamente agravada por el pinchazo de la gran burbuja inmobiliaria. Crisis que se manifiesta bastante más profunda, medida por la tasa de desempleo, por nuestro modelo de crecimiento y la histórica baja productividad de la economía española. Crisis en definitiva, producida por un exceso de oferta a nivel mundial, exceso de capacidad productiva muy por encima del producto potencial mundial que ni vía ajuste de precios se ha conseguido mitigar.Crisis que en el caso español y aragonés, entre otros y de manera significativa, arroja los siguientes datos económicos:
Decrecimiento del PIB producido en su mayor parte por el gran batacazo que se ha pegado el sector inmobiliario, batacazo que supone en términos absolutos un agujero de aproximadamente el 10% de nuestro PIB y que aporta directa o indirectamente alrededor del 12% del desempleo total. El Instituto Flores de Lemus dependiente de la Universidad Carlos III estima que la tasa de desempleo puede alcanzar niveles del 22%, lo que supone que los parados superarán los 4,8 millones en 2009.
El gobierno durante el debate del Estado de la Nación, recientemente celebrado, ha propuesto algunas medidas y en concreto ha implementado un plan especial para el sector del automóvil que, en síntesis, consiste en poner dinero por delante para la compra de automóviles nuevos, nuevamente políticas de demanda. Desde mi punto de vista se está en el camino correcto a corto plazo, pero no a medio y largo plazo. Debemos insistir que este tipo de actuaciones han de ser limitadas en el tiempo y entre otras razones:
Por otro lado no creo que la bajada de impuestos en este momento fuese una solución que ayudará a combatir la crisis, más bien al contrario. Cuando estemos en la fase de recuperación, sí que una reducción impositiva podría producir un gran efecto palanca sobre la inversión y el consumo. Así como también la experiencia demuestra que rebajar los costes asociados al despido en medio de una recesión, lo único que facilita es la oportunidad de los empresarios para deshacerse del mayor número de trabajadores.
Tres fases
Una crisis como la actual tiene tres fases, una primera de liquidez, una segunda de economía real, que afecta a todos los países y a casi todas las empresas, y una tercera de reconversión de la mayoría de los sectores.
La primera parte de la crisis parece situarse en la última fase de superación, los bancos centrales más importantes del mundo han actuado de manera coordinada bajando los tipos de interés a tasas cercanas a 0 y por si esto no es suficiente han tomado otra serie de medias que garantizan la existencia de liquidez en todo momento. Abundando en el sector financiero, los gestores deben prepararse para afrontar la reconversión del sector. El crédito en estos momentos es un bien que escasea, pero el negocio fundamental de los bancos es conceder préstamos y éstos deben concederse sin relajar los estándares de solvencia, garantía y capacidad de endeudamiento que son exigibles a las empresas y, por tanto, hay que pedirles a las entidades financieras que fluya el dinero y que igualmente sean rigurosos en los criterios de concesión del mismo. Seguramente nos encontramos en la etapa final de esta primera fase que, a su vez, se solapa con la segunda. Fase en la cual se producen unas tasas de desempleo, por lo menos en nuestra economía, alarmantes y rayando la desesperación; al mismo tiempo desaparece un gran numero de pequeñas y, en menor medida, medianas empresas, así como alguna de las grandes reorienta su estrategia y, en muchos de los casos, adelgaza su nómina. Esta fase, en la que nos encontramos, puede ser más o menos larga en función del modelo productivo del país concreto. Por desgracia, a mi juicio, nuestro modelo no contribuye de una manera nítida a que veamos la luz más cerca que lejos, más bien al contrario, es posible que la situación se prolongue más de lo deseado y, sobre todo, que el empleo todavía siga deteriorándose.La tercera fase, la de la reconversión de la mayoría de los sectores productivos, reinventándose unos, desapareciendo otros y apareciendo otros nuevos, es la fase que sigue a la salida de la crisis, algo que, por desgracia, no se ve muy cercana. Y en este orden de cosas deberemos superar con la máxima urgencia los obstáculos para que el viento sople en la dirección adecuada, creo que en estos momentos desconocida, pero que sin duda tocará de cerca el impulso de la actividad emprendedora (creación de empresas privadas) y la innovación, como tótem, en todas las fases del periodo de maduración de las empresas. En esta tercera fase tienen que estar decididas e implementadas, porque tardan tiempo en verse los resultados, las políticas de oferta necesarias para elevar cuanto más mejor la productividad y, de esta manera recuperar, la competitividad perdida de nuestra economía .

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