La navegación en el Ebro hace aguas

El Ayuntamiento ha acudido al rescate del transporte fluvial incluso antes de empezar la temporada con el anuncio de un billete combinado con el bus turístico que aún debe aprobar a estas alturas. El objetivo es intentar aprovechar el tirón de este servicio, de forma que los visitantes se suban a los barcos que remontan el río desde Vadorrey hasta Ranillas.
La factura del transporte fluvial ha empezado a engordar incluso antes de que las embarcaciones vuelvan al cauce. Al igual que se tendrá que hacer durante los 24 años que quedan de concesión, el Ayuntamiento acaba de dragar el cauce para garantizar el paso a los barcos. Este año se han extraído algo menos de 2.000 metros cúbicos de áridos, una quinta parte de lo retirado en los veranos de 2007 y 2008, cuando se creó un canal de navegación ante la imposibilidad demostrada por los barcos para remontar el cauce. El coste de este año ha rondado los 40.000 euros.
El polémico dragado sólo supone una parte ínfima de los gastos fijos de la navegación, dado que también se deben pagar otros 310.000 euros anuales por el mantenimiento del azud. Y sólo sirve para generar una lámina estable de agua que no llega ni al Puente de Piedra, tras haber invertido en su construcción más de 20 millones de euros.

Lo que sí es cierto es que se negó categóricamente en un principio que hubiera que dragar el río. Y cuando se eligió la adjudicataria, Turismo Ebro Fluvial, se puso el acento en el escaso calado de sus barcos y en sus características sostenibles. Ni una cosa ni otra. El catamarán, que requiere de un calado mínimo de 90 centímetros, no puede pasar del Náutico porque obligaría a un dragado mucho mayor y, como ya sucediera el verano pasado con los pequeños Ebrobús, necesita motores fuera borda adicionales para superar el Puente de Piedra. El mito de su propulsión electrosolar también queda así en entredicho.

NÚMEROS PUBLICADOS