Meses de zozobra
La coalición PSOE-PAR atraviesa el peor momento en sus diez años de vigencia. Una situación que ha propiciado sobre todo la marejada interna que se ha instalado en los aragonesistas, sin olvidar los desencuentros evidentes entre ambas formaciones.

Hasta el año pasado, las mayores disputas entre PSOE y PAR venían marcadas por una de las señas de identidad de la formación aragonesita: el agua. No había trimestre sin la cuestión hídrica en el candelero; actualmente, casi nadie se acuerda ya del minitrasvase a Barcelona que las lluvias frustraron la pasada primavera.
Actualmente, sólo hay malas noticias en la agenda política: el riesgo de inconstitucionalidad de la ley hecha a medida de Gran Scala, la posibilidad de ruptura con la ley de Lenguas o con la financiación autonómica, la controversia surgida en Asael bajo la dirección del alcalde de Herrera, Jesús Solá.
Este último caso puede servir como paradigma de una forma de entender la actividad política muy implantada en Aragón: por un lado, el hecho de que el alcalde de un municipio de poco más de 600 habitantes tenga coche oficial y chófer, y que encima pague el sueldo de éste con cargo a una asociación que lucha contra la violencia doméstica y que, de facto, pertenece a Asael; por el otro, la existencia de convenios entre departamentos del Gobierno de Aragón y la asociación de entidades locales que controla el PAR destinados únicamente a retribuir a alcaldes y concejales de esta formación. La guinda la pusieron los enfrentamientos internos que generó la precipitada destitución de Solá como asesor de Medio Ambiente y la posterior rescisión del contrato por parte del presidente de Asael de los mencionados ediles.
Septiembre aparece en el calendario como un mes crucial para la estabilidad futura del Ejecutivo autonómico. Tanto Iglesias como Biel coinciden en que entonces se producirán cambios de calado en el Ejecutivo; en el caso del PAR, los relevos serán también de orden interno, aunque es probable que no contribuyan a solucionar el enfrentamiento larvado entre dos sectores del partido, uno encarnado en el vicepresidente autonómico y el otro en el secretario general aragonesista, Alfredo Boné.

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