POLÍTICA - NÚMERO 41 / SEPTIEMBRE 2009
Una foto que cierra una crisis
La reunión del vicepresidente aragonés, José Ángel Biel, con la vicepresidenta económica, Elena Salgado, puso fin al enconado conflicto entre los socios de gobierno en la DGA. Ahora, al Ejecutivo autonómico debe afrontar la problemática situación de la planta de Opel en Figueruelas. La respuesta de los dirigentes políticos españoles ha sido muy deficiente.

Esta fotografía, con Elena Salgado y José Ángel Biel, supone el fin a una de las mayores crisis en el Ejecutivo aragonés. Foto: Gobierno de Aragón
LUIS FACI. [Septiembre 09] Una fotografía puso el 15 de septiembre fin a la mayor crisis surgida entre los dos partidos que sustentan el Gobierno de Aragón desde hace diez años, el
PSOE y el
PAR. La instantánea reunió a la vicepresidenta económica,
Elena Salgado, y al número dos del Ejecutivo autonómico y máximo dirigente aragonesista,
José Ángel Biel. La cita —y sus consecuencias—, punto de origen de la conciliadora postura del propio
Biel en el debate sobre el estado de la comunidad, puso fin a los desencuentros entre ambas formaciones en los últimos meses. Un enfrentamiento que, visto lo visto, ha tenido mucho más teatro del que se suponía.

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Así, todo parece volver a la normalidad tras pactar socialistas y aragonesistas varios acuerdos. Por un lado, el Estado saldará su deuda tributaria con la comunidad, un “
acuerdo político” que no alcanza el déficit real generado. El resultado de esta negociación no parece muy beneficioso para Aragón, ya que no incluye dinero en efectivo y obliga a la comunidad a realizar importantes inversiones en los suelos recibidos. La cuestión es si Hacienda aceptaría un canje similar por los 180 millones de euros que Aragón debe por la caída de la recaudación en 2008. Parece difícil. Junto a esto, la mencionada reunión sirvió para que Madrid aceptara una de las principales reclamaciones del
PAR: la cesión a Aragón de la gestión de grandes infraestructuras, hidráulicas o de comunicación por ejemplo. Aquí podría encontrarse una de las llaves para recuperar la normalidad.
De este modo, el debate sobre el estado de la comunidad transcurrió sin grandes sorpresas. Marcelino Iglesias no efectuó ningún anuncio de importancia, y se limitó a encumbrar hasta límites insospechados su gestión, lógicamente con el horizonte de diez años en el poder y no de la situación en los últimos doce meses. Por su parte, Biel dejó de lado cualquier crítica implícita o explícita al PSOE, resaltó una y otra vez la importancia de su partido en el progreso de Aragón hasta llegar a la arrogancia y manifestó públicamente —una vez más— su buena sintonía con Iglesias. Dejó en el aire, eso sí, una significativa pregunta: “¿Me estaré quedando sin socio?”, se cuestionó sobre la marcha del dirigente socialista.

No hubo sorpresas en la intervención del presidente Iglesias en el debate del estado de la comunidad. Foto: Víctor Lax
Gran parte del debate giró en torno a
Opel y la planta de
Figueruelas, que corre un serio riesgo de desaparición si, como pretende
Magna, se elimina línea de producción —el
Corsa dejaría de producirse aquí— y se despide a 1.700 trabajadores. Este panorama supondría con toda seguridad la sentencia de muerte de la factoría aragonesa, que paradójicamente se encuentra entre las diez plantas más competitivas del mundo.
Sin embargo, una cuestión de este calado motivó una respuesta tardía y demasiado tibia en la DGA, no digamos ya en el Gobierno central. El Ejecutivo autonómico se ha limitado a pedir “prudencia” y la “serenidad”, consciente por otro lado de su reducido margen de maniobra. Lo del Ministerio de Industria ha sido mucho peor, más teniendo en cuenta los esfuerzos que Miguel Sebastián hizo por reflotar la planta de Seat en Barcelona. El ministro Sebastián —por seguir con la metáfora por él mismo soltó—, tardó casi una semana en darse cuenta de que frente a sus narices estaba la factura impuesta por Magna, para un festín del que ni siquiera conocían el menú. El mismo tiempo le costó a los líderes sindicales de Figueruelas convocar toda una manifestación en Zaragoza, que reunió días más tarde a más de 30.000 personas.