Durante los meses de noviembre y diciembre de 2009, se habló largo y tendido sobre el proyecto de Ley “de Economía Sostenible” propuesto por el Gobierno, desplazado en estos momentos por lo urgente, la crisis de la deuda. No obstante, parece oportuno dedicarle la atención que merece, por cuanto que puede introducir un cambio notable en el futuro de la estructura productiva de nuestro país.
JULIO R. NAVARRO ANTÍN [Febrero 10] El proyecto de Ley que el Gobierno ha enviado al Parlamento para su discusión, presenta como definición de Sostenibilidad: “Satisfacer necesidades del presente sin hipotecar las capacidades de las generaciones futuras para satisfacer su propias necesidades”, parece difícil poner algún tipo de objeción a los objetivos perseguidos por la Ley y recogidos en su preámbulo. No parece tampoco muy discutible que nuestro país necesita urgentemente un impulso decidido para modernizar su estructura productiva y que ésta se oriente hacia los cánones de sostenibilidad definidos en el Tratado de Lisboa. Ahora bien, confiar la salida de la crisis y el futuro de la economía española de los próximos años a esta LEY, no deja de ser nada más que un ejercicio de prestidigitación y en el mejor de los supuestos causa de buenas intenciones. Es poco discutible intentar alcanzar un uso más intensivo de energías limpias, lo que no parece tan plausible son las generosas primas que acompañan el impulso de este sector. Por otro lado, el cambio de estructura productiva, además de que no se hace de la noche a la mañana, necesita de la implicación directa de todos los agentes sociales, y muy especialmente de los empresarios. Por último, antes de enumerar algunas de las reformas propuestas, se echa de menos referencias más concretas a la imprescindible orientación de nuestras empresas, especialmente las pequeñas y medianas, hacia la demanda externa.
Reformas
La Ley de Economía Sostenible se estructura alrededor de cinco ejes fundamentales: Competitividad, Sostenibilidad medioambiental, Normalización del sector de la construcción, Innovación y Formación Profesional y apoyo a nuevos sectores. Entre otras, algunas ya puestas en marcha, incluye las siguientes reformas:
Competitividad
Compromiso con la estabilidad presupuestaria. Se presentará un plan en el que se propondrá a las CCAA, con el objetivo de limitar el déficit al 3% en todas las administraciones en 2013 que, si por alguna de ellas no se cumple este objetivo, la sanción de la UE sea también aplicable a ellas y no sólo al Gobierno Central.
Transparencia en las empresas. Éstas deberán informar a los accionistas de manera detallada sobre los sueldos de sus ejecutivos y se aumentarán los impuestos para las retribuciones plurianuales que superen los 600.000 euros.
Mejorar los organismos reguladores.
Sistema financiero.
Contratación Pública.
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Apoyos a nuevos sectores.
Fondo estatal para el empleo y la sostenibilidad. Se dota este fondo con 5.000 millones de euros que se trasladaran a los ayuntamientos para que impulsen los parques científicos y tecnológicos, implanten redes de telecomunicaciones, fomenten proyectos de ahorro y eficiencia energética, impulsen y desarrollen las energías verdes, ejecuten proyectos de movilidad urbana sostenible y para la creación de servicios sociales o sanitarios.
Fondo para la Economía Sostenible. Dotado con 20.000 millones de euros para realizar inversiones en los ejercicios 2010 y 2011. Se destinará a financiar proyectos de inversión de empresas privadas en actividades prioritarias para la sostenibilidad y se gestionara a través de ICO.
Casi una certeza
El gran problema, “el problema”, de la Economía Española y por ende de la Economía Aragonesa, es la Productividad, indicador de eficiencia que relaciona la cantidad de recursos utilizados con la cantidad de producción obtenida y si bien en el diagnostico, con algún matiz, podemos estar (estamos) prácticamente todos de acuerdo, donde yo difiero sustancialmente, por lo menos en la graduación, es en las causas que provocan la escasa productividad de nuestra estructura productiva.
Parece claro que la formación o más bien la falta de cualificación no es la causa de la baja productividad de nuestra economía, si acaso, puede resultar ineficiente el exceso de formación para trabajos no tan cualificados y a la inversa, alto nivel de fracaso escolar en edades tempranas, en definitiva existe un desequilibrio a nivel formativo que puede tener cierta relación con la baja productividad pero no ser su causa principal.
Tampoco parece que los precios de nuestra fuerza laboral presionen de manera descontrolada sobre nuestra productividad. Más bien han sido estos, los que han permitido acercarnos de manera significativa a la media comunitaria, en algunos de los más importantes indicadores sobre nivel de bienestar.
Por tanto, me atrevo a decir que las causas de nuestra baja productividad están mucho más relacionas con nuestra función de producción agregada y más en concreto con todo lo relacionado con la introducción , en las micro, pequeñas y medianas empresas, de la tecnología y de los modelos de gestión y organización que se corresponden con la octava o novena potencia mundial a nivel industrial.Sea bienvenida esta Ley de Economía Sostenible, si con ella se introduce el sesgo necesario para que las mejoras propuestas incrementen de manera ordenada nuestras maltrechas tasas de productividad. Y siguiendo las tesis de las expectativas racionales (o irracionales) desarrolladas entre otros por Robert Lucas, sean moderadamente felices ya que como otras veces hemos dicho en estas mismas páginas, una parte importante de la economía es sentimiento, estado de ánimo.

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