Ya han pasado doce meses de que estallara el escándalo de la Operación Molinos, y queda la impresión de que desde entonces todo ha cambiado y, sin embargo, todo permanece igual. La coalición PSOE-PAR y, en menor medida, el PP han eludido de forma significativa la cuestión, mientras que la alcaldesa permanece en su cargo como si nada hubiera pasado.

LUIS FACI. [Marzo 10] Sin apenas haber pestañeado, ya ha pasado un año desde que estallara la Operación Molinos. Por los juzgados de La Almunia ya han pasado más de treinta imputados a declarar, mientras que la causa sobrepasa los 40.000 folios. Y, sin embargo, queda una sensación ambivalente: nada volverá a ser igual y, sin embargo, todo permanece más o menos como estaba. La alcaldesa, María Victoria Pinilla, continúa en su cargo sin que el ordenamiento jurídico actual ofrezca otra opción, Aranade sigue gestionando el urbanismo del municipio y los partidos políticos, con la excepción de CHA, han pasado de puntillas por la cuestión.
Los últimos informes policiales, no obstante, dejan abierta la posibilidad de que la instrucción depare nuevas sorpresas. Como han dejado claro, será necesario llamar a nuevos testigos, con la opción de que haya nuevas imputaciones. Una de las decisiones más controvertidas que tendrá que tomar el juez que instruye la causa, Alfredo Lajusticia, es si llama al consejero de Medio Ambiente y secretario general del PAR, Alfredo Boné, a prestar declaración (lo cual no supondría de forma automática que le imputara algún delito).Lo que está claro es que aquel 18 de marzo de 2009, Aragón entró por todo lo alto en el mapa de la corrupción urbanística, del que hasta entonces se había mantenido alejado pese a las numerosas sospechas de desarrollo dudoso que existían. Lo que llamó en esas fechas la atención —y lo que sigue llamándola— es la familiaridad que transmitían las conversaciones grabadas a la alcaldesa con altos dirigentes de la política aragonesa, principalmente de su partido, el PAR. Como aquel “millón” que el propio Boné dijo haberle “metido” para una subvención de Medio Ambiente. O como el “recado” cara a cara que Pinilla tenía que darle a José Ángel Biel, para así evitar los pinchazos telefónicos que la regidora temía sufrir.
La mejor muestra de que, en cierto sentido, pocas cosas han cambiado desde que saliera a la luz la presunta trama de corrupción es la comparecencia de María Victoria Pinilla a mediados de marzo. Con el mismo estilo entre prepotente y victimista de siempre, la alcaldesa se confesó atacada por una “persecución política”, de la que destacó un nombre que prefirió omitir, y dijo por sorpresa haber llegado a la conclusión de que sería objeto de esta 'cacería' cuando su nombre apareció en la prensa como posible candidata por el PAR al Ayuntamiento de Zaragoza. “Dios, hoy comienza el fin de Victoria Pinilla”, se dijo entonces.

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