
En Aragón hay 295 alcaldes. Un cargo que ocupan, en su mayor parte, personas que simplemente quieren lo mejor para su municipio. Son individuos comprometidos, en la mayor parte de los casos sin formación política, que se enfrentan a interminables horas de trabajo en el Ayuntamiento y a los largos trámites burocráticos en las instituciones. Todo, sin repercusión económica (en su mayor parte). Sin embargo, es lo relativo a la opinión pública lo que más les preocupa, porque resulta muy difícil complacer a todos los vecinos, quienes piensan que por ocupar el puesto de mando, son un objetivo a analizar.
NURIA ASÍN. [Abril 10] Ser alcalde de pueblo no es una cuestión baladí, ya que las personas que se presentan para encabezar una lista electoral lo hacen con el convencimiento de estar absolutamente comprometidos con su municipio. Si bien, al comenzar su actividad se dan cuenta de las cortapisas, de los trámites burocráticos interminables, los que retrasan los proyectos, las subvenciones, y los que generan que la opinión pública tenga algo de que hablar. Son vecinos adversos que no se dan cuenta que la gestión municipal no es cosa sencilla, ni aún cuándo un municipio es pequeño. Porque cuando la red de abastecimiento se estropea, igual da que sea para una población de 4 personas, que de 10.000, siempre se protesta.A esto se suma que muchos de los alcaldes que hoy rigen los ayuntamientos de esta Comunidad Autónoma no tienen formación precisa para desarrollar según que temas, sino que son simples personas voluntariosas que cuenta con eso, sus ganas de hacer las cosas, de ver evolucionar a su municipio. A lo que se suma que no suelen cobrar un sueldo, apartándose así de aquellos que sí que se dedican a la política con mayúsculas, los que, muchas veces se olvidan que para estar ellos ahí, otros muchos más modestos están ocupando pequeñas alcaldías.
Por no hablar de los propios vecinos, quienes no se dan cuenta que esas personas a las que critican no cuentan con un salario por su trabajo, porque los presupuestos municipales no lo permiten, y, en caso e ser una localidad con mayor número de población, en que las cuentas consistoriales sí son holgadas, reconocer económica su labor no está mal, porque la dedicación al Ayuntamiento, en la mayor parte de los casos es exclusiva.
Amén de lo relativo a la vida pública, porque en eso se convierte un alcalde/alcaldesa, en una persona pública de la que todo el mundo puede opinar. Porque un edil de un municipio lo es las 24 horas del día, los 365 días del año, todo el mundo puede pararle por la calle y preguntarle, sin respetar el horario del consistorio. Surge entonces la pregunta, si en un comercio o en una institución pública no te atienden si pone cerrado, porqué a una persona que sólo quiere trabajar para su pueblo se la puede avasallar cuando simplemente está tomando una cerveza con los amigos.
Esta y otras muchas cuestiones son las que se abordan en el artículo de este mes, donde además se analiza el aspecto humano de una profesión que en muchos casos no puede reconocerse como tal (porque no se cobra un salario), pero a la que se dedican, en Aragón, 295 personas. Una por cada municipio de la Comunidad Autónoma.

NÚMEROS PUBLICADOS