JOSÉ LUIS VALERO COLÁS. PERIODISTA
El mapa político aragonés apenas sufre modificaciones en su estructura, pese a las polémicas recientes, los enfrentamientos partidistas y las broncas entre los gobiernos central y autonómico. Eso sin contar también que estamos en medio de una recesión económica y un ritmo de destrucción de empleo que no pasaba desde hace un cuarto de siglo. Ni con el barullo del acuerdo sobre el pago de las mermas tributarias, el PSOE pierde su hegemonía política en las tres provincias. Un valor que por cierto no tienen casi nunca en cuenta los que mandan en La Moncloa y en sillones ministeriales a los que han llegado no se sabe muy bien cómo, sobre todo en algunos casos muy concretos que todos sabemos. El asunto es que los ciudadanos aragoneses tienen las cosas mucho más claras de lo que se habían pensado algunos.
Para ganar la Comunidad Autónoma y las principales instituciones hay que hacer algo más que esperar a ver si se caen los que están ahora en el poder. Y si no que se lo pregunten al PP, cuyas expectativas solo mejoran en la ciudad de Huesca y por el desastre y desgaste de una gestión personalista y complicada, que todo hay que decirlo. Las encuestas de intención de voto publicadas en los últimos días refuerzan las tendencias y las hipótesis que ya se manifestaban en abril y en diciembre del pasado año. La abstención y los indecisos tienen la palabra final, pero en esta ocasión el problema se reparte entre todos los partidos que ya tienen representación parlamentaria, salvo en el caso de Izquierda Unida que va subiendo cerrando filas entre sus votantes y la captación de nuevos votantes, principalmente fugados de las filas socialistas.

Iglesias, con la que está cayendo por la falta de pulso político, de ideas y de proyectos en el Gobierno de coalición ante la recesión económica y de creación de empleo, está aguantando el tipo sin apenas desgaste personal, ha convencido prácticamente a sus electores sobre su relevo para la candidatura de 2011 empujando a Eva Almunia a niveles más altos de lo que cabía suponer a estas alturas, y su liderazgo dentro y fuera del partido sigue siendo incuestionable.
Ha pasado por estos meses de caída en todos los sectores sin hacer una imprescindible crisis de gobierno y cambiar responsables de áreas que a todas luces no han estado a la altura. Y así piensa seguir hasta las elecciones. Hasta se permite e lujo de defender el pésimo y lesivo acuerdo para los intereses de Aragón que ha firmado con el Ejecutivo central sobre el pago de las deudas tributarias. Aquí en lugar de recibir lo que nos deben, pagamos un tributo excesivo para vender como bueno un pacto, que ha sido negociado el consejero Alberto Larraz, mejor que dicho que ha suscrito sin mirar lo que le ha puesto encima de la mesa el Ministerio de Hacienda. Y como premio a eso puede que le caiga hasta ser cabeza de lista al Ayuntamiento de Huesca en sustitución del Fernando Elboj.
Claro que con los datos de los sondeos en la mano, el presidente Iglesias parece que tiene fuerza más que suficiente para cerrar el conflicto con el Gobierno central y lograr a cambio mucho más margen para hacer lo que crea conveniente en todas las listas para las elecciones municipales y autonómicas de 2011. Y los que dentro del partido, en Ferraz y en Zaragoza, lo han puesto en duda, han tenido que volver a bajar la cabeza. Como antaño. Y más de uno encima tendrá que pagarle algún tributo por no haberse callado a tiempo.

NÚMEROS PUBLICADOS