SIGLO XXI DE ARAGÓN
Incertidumbre. Esa es la sensación que impregna el ambiente en trabajos, casas y calles aragonesas. Las últimas medidas del Gobierno Central —el conocido tijeretazo— han dejado helados a muchos, en especial a los que más las van a sufrir: funcionarios y pensionistas. Si bien, el prisma cambia mucho de unos a otros. Así, mientras que los primeros verán cómo se recorta un poco su sueldo (en algunos casos bastante elevado), los otros ven con preocupación cómo se congela su escasa pensión, el fruto de su cotización tras años y años de trabajo.
A todos ellos se suman los más de 4 millones de parados que hay en España —de ellos más de 400.000 en Aragón—. A muchos se les acabará la prestación del paro próximamente, sin visos de comenzar a trabajar, algunos porque no encuentre un trabajo acorde a su formación, otros muchos porque apuran sus días de prestación de desempleo porque están estudiando oposiciones, formándose más, etc., etc., la alternativa que han visto como salida a una crisis que se alarga en el tiempo y que no tiene signos de mejorar (ni brotes verdes, ni amarillo, ni de ningún color).
En una situación crítica como la que se está viviendo, los políticos tienen la responsabilidad moral de ofrecer salidas. El recorte de los salarios de los representantes de este país y de altos directivos es una de ellas (amén de la duplicidad de cargos que se generan en Comarcas, etc., etc.), además, tal y como venimos diciendo desde Siglo XXI de Aragón desde hace tiempo es muy importante fomentar del tejido emprendedor, viendo que en esta Comunidad Autónoma las empresas aquí localizadas zozobran ante la falta de grandes proyectos. Junto a ellas la falta de ideas por parte del Ejecutivo Aragonés y de los agentes sociales, que han reaccionado muy tarde ante esta situación adversa, derivada del hundimiento de la burbuja inmobiliaria y de la coyuntura económica global.
Esta cuestión será una de las que marque las elecciones. Primero serán las autonómicas, que se desarrollarán con un duelo de mujeres, tal y como se veía venir (Almunia-Rudi), mientras se recolocan consejeros en ayuntamientos de ciudades con cierto empaque demográfico, se firman coaliciones que ayuden a algunos de los más pequeños a seguir estando en el candelero (aún a pesar de ser grandes "dinosaurios" de la política aragonesa) y un largo etcétera que animará nuestras páginas en los próximos meses.
Con todo, la actualidad seguirá siendo mucha a diferentes niveles, mientras la ciudad de Zaragoza sigue patas arriba con obras como la del tranvía, cuya repercusión social —una vez que se ponga en marcha— tendrá que esperar. Al tiempo que llega, se siguen produciendo atascos, quejas entre comerciantes y vecinos y preocupación, por cuanto que al terminar estos trabajos, otros muchos pasarán a engrosar las listas del paro.
Es una espiral que se mueve al ritmo de las circunstancias y que genera más incertidumbre porque se traslada a otros ámbitos, como el educativo. Así, la universidad está perdiendo su excelencia, una institución que por tradición se ha caracterizado por la calidad y cantidad de sus estudios, el espacio del que nacen cientos de profesionales del futuro. Pero la falta de inversiones públicas está haciendo que pierda algo que es intrínseco a ella y con esta particularidad se refleja que esta terrible crisis supera el ámbito económico y financiero para llegar a la sociedad de a pie.
Dentro de ella, un ámbito, el de los padres separados es el único que en estos días está de enhorabuena, ya que han visto como estos días se aprobada un documento importante: la Ley de la Custodia Compartida. Gracias a ella se permite a los progenitores de sexo masculino tener los mismos derechos que las madres, quienes hasta ahora tenían más probabilidad de responsabilizarse del cuidado de sus hijos tras una situación de divorcio. Un modo de equiparar roles en estos momentos en los que la coyuntura económica se ceba con todos: hombres y mujeres, aunque como pasa siempre en tiempos de vacas flacas, los que menos tienen son los que más la padecen. Porque bien dicho es que "las penas con pan son menos", pero en estos tiempos hay cientos de personas que tienen muchas preocupaciones, sin previsión de mejorarlas, sin una salida, y perdiendo oportunidades…Gran Scala hubiera generado 32.000 empleos, pero ¿en Ontiñena?

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