
La crisis también ha afectado directamente a la UZ. Fotos: Víctor Lax.
RAMÓN RUIPÉREZ. [Mayo 10] A la luz de los restrictivos presupuestos con los que cuenta la Universidad de Zaragoza para este 2010 (tan ajustados que la institución docente camina este año por la delgada línea que separa el funcionamiento de la ingobernabilidad), nos encontramos ante una situación sin precedentes dentro de la educación universitaria en Aragón, y es que la universidad afronta este año con las únicas misiones de mantener unos estándares de calidad mínimos en la docencia y la investigación y de hacer frente a los compromisos salariales.

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Pocos alardes, pues, puede permitirse la institución docente en un año marcado por la galopante crisis económica en la que está sumida España y en el que esperemos no se cumpla justo lo contrario de la filosofía aplicada hasta ahora, la de “invertir en educación es caro”, y que no es otra cosa que la de que no invertir acabe por resultar más caro todavía.
Sea como fuere, el hecho es que con el tijeretazo presupuestario la Universidad de Zaragoza ha visto reducida drásticamente, también, la posibilidad de investigar más, de contar con la colaboración de docentes más especializados o de adecuarse a las expectativas y requisitos educacionales que exige el plan Bolonia. En definitiva, de poder garantizar una calidad suficiente como para que la excelencia, su intangible más conocido y reconocido, siga siendo su motor y su objetivo prioritario.

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