Tras meses de tedio político, las cuatro últimas semanas han revolucionado el panorama. Un ritmo que, con altibajos, se mantendrá ya hasta las elecciones autonómicas y municipales del 22 de mayo. Los movimientos en el PSOE —y en el Gobierno de Aragón—, la espantada de Miguel Ferrer en Teruel y el fuerte agravio del Ejecutivo central con la comunidad en los Presupuestos del próximo año han centrado la actualidad.

El recién estrenado Ejecutivo aragonés. Foto: Gobierno de Aragón
LUIS FACI. [Noviembre 10] El propio Marcelino Iglesias había reconocido en algún foro que, con su anuncio de no presentarse a la reelección como presidente aragonés, su intención era pasar a un segundo plano. Muy al contrario, Iglesias ha logrado situarse en el centro de los focos a nivel nacional, hasta un punto que ningún político aragonés en las últimas décadas había logrado. La revolución introducida por el jefe de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para intentar reconducir las opciones del PSOE de cara a los cercanos comicios ha llevado al dirigente de Bonansa hasta el tercer puesto en el escalafón orgánico de los socialistas. Un cargo, el de secretario de Organización, que su anterior propietaria, Leire Pajín, había devaluado por su escasa mano izquierda y que ahora pasa a manos del contrapunto de la política valenciana: el estilo grandilocuente, agresivo y habitualmente forzado de Pajín cambia por el sosiego —hasta el aburrimiento, en ocasiones— y el control de su discurso que emplea Iglesias.

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Con el patio de Ferraz con todos los pingos por ordenar, el número tres de los socialistas deberá compaginar este cargo con la presidencia de Aragón. Los partidos de la oposición en las Cortes, como es lógico, dudan seriamente de que el político oscense pueda mantener lo suficiente su cabeza dentro de los muros de la Aljafería, y así se lo han hecho saber. Más cuando Iglesias ha declarado que “necesitaba” un cambio, lo que el PP ha considerado un “desprecio” a los aragoneses.
Lo cierto es que el PSOE ha hecho carambola: ha aprovechado que los focos mediáticos estaban puestos en el nombramiento de Marcelino Iglesias para llevar de vuelta, de la forma más discreta posible, a Eva Almunia a Aragón. Casualidad o no, un día después de que Rodríguez Zapatero hiciera pública la designación de Iglesias, se dio a conocer el trasiego de nombres en el Gobierno de Aragón.
La oposición ha intentado en vano, ante el vendaval de noticias generadas por los socialistas, poner el acento en una cuestión delicada: la supuesta instrumentalización que ha hecho el PSOE del Gobierno de Aragón en beneficio del partido. PP, CHA e IU se han preguntado: ¿ha pasado Eva Almunia a ocupar el departamento de Presidencia en lugar de Javier Velasco por méritos propios o por otro tipo de cuestiones? La respuesta a priori es sencilla. “Aragón no necesita un presidente que juegue con las consejerías”, han criticado los partidos.
El baile de nombres acaba con la marcha de Ciencia, Tecnología y Universidad de Pilar Ventura, quien pese a su controvertido papel al frente de este departamento ha sido la consejera que más tiempo ha pasado en este cargo, el más volátil de todos durante la coalición PSOE-PAR. Con ella también se marcha el viceconsejero, Fernando Beltrán, ante la necesidad de hacer un ‘hueco’ a la mano derecha de Javier Velasco, Jesús Sánchez Farraces. Beltrán rechazó cambiar de puesto en el departamento y regresará a la Universidad.
El PSOE evita ahora por todos medios dar la impresión de que, con el cambio de baraja, Almunia pasará a gobernar de facto en Aragón, lo que entre el electorado se podría observar como una falta de respeto. Lo cierto es que, más allá de quién gestione la comunidad, la candidata socialista pasará a ocupar por fuerza el lugar de Iglesias en las fotografías, en las labores de representación, en lo que se ve. Este hecho, que supondrá un refuerzo para la imagen de Almunia, que catapultará su conocimiento entre los votantes, tiene también un riesgo: transmitir la impresión de que la nueva candidata ha de ir siempre de la mano de su mentor.
Mientras, Javier Velasco será el encargado de intentar salvar lo que queda de relación con el PAR durante los meses que quedan hasta las elecciones.
Más problemas para el PAR
Y si octubre fue el mes del PSOE, no tiene ninguna pinta de que noviembre vaya a ser recordado por el presidente del PAR, José Ángel Biel, como uno de sus mejores periodos. No se recuerda que el líder de los aragonesistas apareciera tan desconcertado ante los medios como cuando tuvo que reaccionar ante la espantada del alcalde de Teruel, Miguel Ferrer, que por causas poco claras ha dejado patas arriba, a pocos meses de las elecciones, el tercer ayuntamiento de la comunidad. Aunque tratase de torear al morlaco manifestando que veía un “futuro espléndido” para el partido en la localidad, pese a reconocerse aliviado por haberse quitado de en medio al “forúnculo” de Ferrer, lo cierto es que a duras penas ha logrado Biel controlar su indignación. “Ha sido de todo menos obispo de Teruel” o “no sé qué más puedo hacer por una persona en política”, entre otras, han sido dos de las frases que le ha dedicado.
Más allá de las consecuencias que pueda tener la decisión de Ferrer —unido a la marcha de los dos concejales del PAR afines al ex consejero— en el Consistorio turolense, que podría incluso acabar en manos del PP, lo peor para el PAR es la sensación de disolución que transmite el partido en estos momentos. Si 2009 fue un año nefasto para los aragonesistas en cuestiones externas (La Muela, Asael), la crisis de 2010 es interna, lo que tiene una solución mucho más difícil.
Tampoco ha ayudado la confusión alrededor del cabeza de lista en Zaragoza capital, donde, si el presidente del comité local del PAR, Alberto Contreras, aspiraba a que su intención de relevar a Manuel Blasco pasara desapercibida, el conflicto vivido en la reunión del 28 de octubre no ayudaría demasiado. En esa cita, en la que se aspiraba a designar el candidato elegido (Contreras), el sector de Blasco —minoritario— denunció que, a tenor de los estatutos, el comité local debía optar por un listado de nombres y dejar la elección final en manos del comité de listas. De forma que, así, el proceso se alargará hasta enero.
Entre tanto, los éxitos de unos y los fracasos de otros han tapado el enésimo agravio del Gobierno de Rodríguez Zapatero con Aragón: la escandalosa caída a la mitad de las transferencias a la comunidad en los Presupuestos Generales del año próximo. En concreto, Aragón recibirá un 44,5% menos, cuando el descenso medio entre el resto de las regiones se sitúa 15 puntos por debajo. Igual de sangrante ha sido la situación vivida con el fondo creado para las autonomías con estatuto propio, remesa que reparte 950 millones de euros entre Cataluña, Baleares, Andalucía y Castilla-La Mancha de la que Aragón ha vuelto a ser exluida. Con el aumento de la inversión estatal a través de las enmiendas, la comunidad aragonesa no recibirá ni el porcentaje territorializado que le corresponde (3,2%), y eso que el Estatuto especifica que esta cantidad ha de ser mayor por las características geográficas de Aragón. Un despropósito que ha pasado casi desapercibido y del que ya no hay vuelta atrás.

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