Siglo XXI de Aragón
Número 67 · MAYO 2012
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ECONOMÍA / NÚMERO 53 DICIEMBRE 2010

¿Debería España abandonar el euro?

Hay quien que se ha manifestado ferviente defensor de la salida por parte de España del EURO. Los llamados PIIGS, entre los que desafortunadamente se encuentra España, están poniendo a prueba la fortaleza de la Unión Europea y además están enfrentando de forma clara a los dos países tractores de ésta: Francia, que aboga por más Europa, y Alemania, que de manera más o menos velada apuesta en su favor (solicitando una limitación de los déficits corrientes), imponiendo perdida de soberanía de los demás estados en su beneficio.

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La salida del euro y vuelta a la peseta traería graves consecuencias a España.

JULIO R. NAVARRO ANTÍN [Dic. 10] Recientemente a nuestro editor se le ocurría preguntar en voz alta: ¿Qué pasaría si España abandonara el euro?. La crisis económica europea, que ha degenerado en crisis de confianza fundamentalmente de los países periféricos (los llamados PIIGS), entre los que desafortunadamente se encuentra España, ha puesto a prueba la solvencia de nuestras estructuras.

El diferencial de prima de riesgo de nuestra deuda respecto del bono alemán, supera los 200 puntos básicos, en castellano antiguo, más de 2% de diferencial. Es decir, si el bono alemán se paga con una rentabilidad del 2,50% aproximadamente, para colocar la deuda española, ésta se ha de emitir con una rentabilidad de alrededor del 5,00%, que traducido a números gruesos supone que España ha de ofrecer el doble de rentabilidad a su deuda (respecto de la alemana) para que los inversores internacionales sientan la necesidad de comprarla, riesgo-país lo llaman.

Y con todo esto, son unos cuantos, incluido nuestro editor, los que se preguntan que pasaría si España abandonara el euro. Vaya por delante mi opinión, que no es otra que a medio y largo plazo, incluso a corto, no sería nada beneficioso. Haciendo un símil futbolístico, pasaríamos de jugar en Champion League, en la zona tibia de los 20 mejores, a ser uno de los mejores de la segunda división de nuestro país y, además, con un alto coste.

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El abandono de la moneda única implicaría de facto, ya que es seguro se produciría una devaluación competitiva, una reducción de salarios que supondría automáticamente un aumento de los márgenes empresariales y que impediría seguro (por miopía) realizar el tan necesario cambio de modelo productivo. En vez de tender a competir con los países más desarrollados de nuestro entorno, el rumbo elegido sería competir en manufacturas y no en valor añadido (tecnología, innovación, sostenibilidad, renovables, agua, etcétera).

Ventajas de ser euro

• Credibilidad Internacional y, por tanto, tipos de interés bastante más bajos que si estuviésemos fuera de la moneda única, lo que implica obtener financiación más barata por parte de nuestras empresas y familias.

Si se abandona el euro es más que seguro que se produjese un colapso del sistema financiero por la salida en tromba de inversores y, por tanto, ausencia casi total de financiación en un momento que ésta ya brilla por su ausencia. Por tanto, la ventaja de estar dentro es que se evita la más que probable quiebra de parte del sistema bancario y la posibilidad, más que cierta, de tener problemas con los depósitos de las familias en los bancos, corralito.

Es casi seguro que la devaluación de nuestra moneda “política de empobrecer al vecino”, es decir, superar los problemas de uno a costa de otros, llevase aparejada una reacción casi inmediata de los países con los que comerciamos, ya que sus exportaciones resultarían menos atractivas a la vez que, haríamos más deseables nuestros productos ya que su precio bajaría ostensiblemente por el efecto del cambio de moneda, lo que supondría, seguro, empeorar las relaciones a todos los niveles, comercial, diplomático, etc., de nuestro país con el resto de nuestros socios. Esta situación implicaría que habríamos destruido riqueza de manera significativa y la ventaja que proporciona la devaluación competitiva habría sido neutralizada totalmente. Lo más probable es que la bondad de la devaluación duré muy poco tiempo y sea neutralizada de manera casi inmediata y más, cuando la crisis es global y casi todos los países de nuestro entorno se encuentran en situación parecida, y los países emergentes, que están en estos momentos creciendo de manera importante, tienen ventaja competitiva en costes, más que holgada.

Pertenecer al Euro supone que eliminas el riesgo asociado al tipo de cambio con lo cual las empresas españolas que operan en los diferentes mercados mundiales pueden repatriar el dinero generado por sus inversiones sin pérdida en el cambio a nuestra moneda de referencia.

Fuera del Euro la inflación sería mucho mayor, lo que llevaría aparejado una enorme volatilidad del tipo de cambio respecto de las monedas más estables y el aumento de la inflación podría llegar incluso a anular por completo la ganancia competitiva propiciada por la devaluación de la moneda. Una de las variables más tenidas en cuenta por parte de las multinacionales a la hora de invertir en los diferentes países es su estabilidad en todos los órdenes, incluido el tipo de cambio.

Nuestras exportaciones se dirigen en más de un 60% a los países de la Unión Europea con lo que utilizar el euro como moneda de pago elimina todos los costes de transacción asociados a la venta de productos y servicios fuera de nuestras fronteras. Es más, teniendo en cuenta la estructura de nuestras PYMES, pertenecer al euro facilita de manera notable, el incremento del número de empresas que deciden exportar sus producciones.

La salida del Euro implicaría un aumento considerable del déficit público y, por tanto, un aumento de nuestra deuda pública, lo que unido al aumento del riesgo-país llevaría aparejado un incremento notable en del coste de financiación en los mercados internacionales con el consiguiente aumento en el deterioro del nuestras cuentas públicas.

El pertenecer al área Euro permite la libre circulación de bienes y servicios entre países del área, por tanto, comerciar en un mercado mucho mayor que el nacional con los mismos costes de transacción que si el mercado fuera propio. Esta movilidad de factores de producción permite incrementar la tendencia a la convergencia entre salarios de manera real con todas las implicaciones positivas que esto conlleva.

La salida del euro implicaría complejos procedimientos de redenominación de contratos internacionales para adaptarlos al nuevo escenario con el consiguiente encarecimiento de nuestras relaciones comerciales.

Alta probabilidad de que la devaluación de nuestra moneda propiciada por la salida del euro, debido a la rigidez de las elasticidades de oferta y demanda de muchos de nuestros productos y servicios, produjese una contracción de nuestro PIB con el consiguiente empeoramiento de la razón de endeudamiento.

Ventajas de abandonar

La salida del euro permitiría una devaluación competitiva que sería bastante beneficiosa, siempre y cuando se consiguiese que no fuera inflacionaria, llevase aparejada las reformas estructurales necesarias que propiciasen una mejora paulatina de la productividad y la competitividad de nuestro sistema productivo y, además, que los salarios no quisieran ser participes de la ganancia propiciada con la devaluación. En estas condiciones, por otra parte muy difíciles, se produciría una mejora de la recaudación impositiva, se reequilibraría el presupuesto y se mejoraría la capacidad de financiación exterior. Cuanto más tardaran en reaccionar nuestros competidores, más beneficioso sería para nuestra economía.

Posibilidad de controlar la política monetaria y de esta manera poder utilizar la máquina de fabricar dinero para relanzar la economía, siempre y cuando se controlase el alto riesgo de inflación que esto conlleva, aunque en un mundo globalizado como el actual, esta independencia, en un país del tamaño del nuestro, está bastante condicionada.

Que las decisiones de política monetaria que tome el BCE no nos perjudiquen de manera indirecta, ya que normalmente estas se toman en función del ciclo alemán, que generalmente suele pillarnos con el pie cambiado.

Seguramente nuestra economía se parece mucho más en su funcionamiento, salvando las distancias, a la economía estadounidense que a la alemana, por tanto, nos vendría mucho mejor una política monetaria que, además del control de la inflación, se preocupase también de manera decidida por el crecimiento económico.

Consideraciones

En mi limitada opinión una salida del área euro, ya sea por la puerta de una expulsión de forma más o menos ordenada, ya sea de manera voluntaria (salvo catástrofe mayúscula, tasas de desempleo del 30% o más, volúmenes de deuda inimaginables u otras), sería bastante negativa a medio y largo plazo e incluso a corto. Aunque a muy corto plazo tuviéramos una mejoría en términos de empleo, seguramente no dejaría de ser un fenómeno de mera ilusión monetaria (los arbustos no nos permitirían ver el bosque).

Pienso que lo que necesita la economía española es mejorar su competitividad a medio y largo plazo, si pudiera hacerlo a corto sería la pera. Y lo ha de hacer vía incrementos de productividad y no bajando salarios (competir con países que tienen mucho margen respecto de lo que pagan a sus trabajadores resulta harto difícil, cuando no improcedente y seguramente imposible).

Eurozona
Eurozona.

Sirva de ejemplo el sector de desarrollo de software (sector de TICs) para mantenimiento y desarrollo de sistemas para terceros (JAVA, SAP, etc.). En los últimos años el sector está creciendo a tasas del 20% anual, impensable para casi cualquier sector de nuestra economía, y lo hace debido a que la eficacia de los servicios es más que notable y con unos costes que son prácticamente imbatibles respecto de los que tienen los países de nuestro entorno. Desde hace unos pocos años las asociaciones más representativas del sector, están intentando exportar estos servicios, en el pensamiento de convertir a nuestro país en la India europea y, de momento, el intento de internacionalización no está teniendo éxito. Entre otras razones la que mayor importancia parece tener es que, otros países de la Unión Europea, en concreto del este, con salarios bastante más bajos que los españoles, están irrumpiendo de manera decidida en el negocio. Simplemente recordar que en este tipo de empresas los costes salariales suponen entre el 75% y el 80% de los costes totales de los servicios.

Para aumentar la productividad es completamente necesario mejorar la educación, adecuando ésta a las necesidades formativas del país, incrementar los recursos destinados a investigación y realizar las reformas estructurales que están en la mente de todos y que, por conocidas, no dejan de ser menos necesarias: mercado laboral, pensiones, sector público, sector financiero, competencia, etcétera.

El abandono del euro implicarÍa de facto una reducciÓn de salarios y tenderÍamos a competir en manufacturas y no en valor aÑadido

El crecimiento en España en los últimos 12-14 años se ha basado fundamentalmente en el turismo, el ladrillo y las tan criticadas en su día, subvenciones de la Comunidad Económica Europea. A día de hoy, esto tiene una implicación muy directa en el comportamiento del mercado laboral, siguiendo comparando lo que ocurre en España respecto de lo que ocurre en Alemania, cuando en nuestro país el PIB decrece un 1%, la tasa de desempleo aumenta un 1,6%, por el contrario cuando el PIB alemán decrece ese mismo 1% el paro aumenta en tan solo un 0,25%. Es claro que la estructura de mercado laboral alemán es mucho más resistente a los envites de las crisis que la nuestra, es, por tanto, mucho más estable. Frecuentemente se nos olvida que hace escasamente 30 años, España era un país en vías de desarrollo que tenía una estructura económica casi de principios del siglo XX y que todavía estamos en transición, transición hacia una economía que invierta una parte muy importante de sus recursos en conocimientos, competencia tecnológica e innovación.

Por otra parte, sería importante incrementar el peso del sector industrial llevándolo al nivel de los países desarrollados más avanzados y para ello el desarrollo de la ley de economía sostenible se nos antoja imprescindible: hacer bandera de la internacionalización, hablar de economía basada en el conocimiento, creernos de verdad la sostenibilidad y pensar en innovación en el más amplio sentido, y no tan solo a nivel tecnológico, deberían ser asignaturas troncales en la formación de los máximos responsables políticos, económicos y sociales de nuestro país.

ConclusiÓn

La guerra de divisas “devaluaciones encubiertas” está generando grandes tensiones a nivel mundial, el menesteroso afán que tienen los inversores internacionales por ganar dinero, está produciendo grandes movimientos de capitales hacia los países emergentes (descontada China), para los que la crisis ya terminó hace algunos meses y que están creciendo a tasas más que envidiables a quienes no les va a quedar otra, que imponer cupos a la entrada de divisas procedentes de otros estados para que nos se les cree una burbuja de consecuencias imprevisibles, véase lo ocurrido en España. La gran amenaza es que todo el mundo entre en este círculo vicioso de devaluaciones competitivas, en última instancia de medidas proteccionistas que lo único que generen sea un retroceso en el tráfico comercial a nivel mundial comparable a los años más oscuros de épocas ya olvidadas (década de los años 30 del siglo pasado).

En definitiva, una renuncia del Euro como moneda de referencia por parte de España y vuelta a la peseta, que lejos queda, para que fuese beneficiosa se tendría que dar en unas circunstancias casi de catástrofe nacional, ante la cual todos decidiéramos perder y nuestros vecinos nos lo permitieran. O bien, que la salida se propiciase en una situación política de pseudo democracia o dicta blanda, en la que los poderes públicos gozasen de un margen de maniobra tan grande como fuera necesario para impedir que ningún tipo de contestación pusiera en peligro la recuperación propiciada por la devaluación competitiva y las reformas estructurales llevas a cabo.

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