Siglo XXI de Aragón
Número 67 · MAYO 2012
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CULTURA / NÚMERO 54 FEBRERO 2011

Costa, la voz del pueblo

La conmemoración del centenario de la muerte de Joaquín Costa ha devuelto al intelectual aragonés a la escena pública española. Costa fue un visionario, un hombre avanzado a su época. Su programa de reformas políticas y sociales, basado en la modernización de la educación y la actividad agraria, influenció gran parte de la acción política española del siglo XX. Aunque injustamente olvidado, su legado intelectual todavía sigue vigente.

Costa
Costa era un habitual de los periódicos de aquella época. Foto: Víctor Lax.

SXXIDEARAGON. [Febrero 11] La pérdida de las últimas colonias de ultramar en el año 1898 provoca en España un cambio profundo de mentalidad en los sectores más críticos con el sistema de la Restauración borbónica. Joaquín Costa, máximo exponente del regeneracionismo, inicia entonces una carrera política que dura seis años, basada en un programa de reformas económicas, políticas y sociales para la modernización del país que nunca verá materializarse.

En los años previos al Desastre del 98 Joaquín Costa ejerce el liderazgo intelectual de los regeneracionistas desde la Institución Libre de Enseñanza, defensora de una educación laica y universal. En palabras del Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Carlos Forcadell, el regeneracionismo puede definirse como “una conciencia de atraso económico, político y cultural de España, que fue extraordinariamente estimulada en 1898 con motivo de la guerra contra los Estados Unidos”.

Para los regeneracionistas —que vivieron de primera mano la revolución democrática española de 1868—, a este atraso contribuye en gran medida el modelo de monarquía parlamentaria instaurado por el general Cánovas del Castillo en España tras el fracaso de la I República, primero con Alfonso XII y después con Alfonso XIII como jefes de Estado.

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En opinión de Forcadell, “el sistema de la Restauración era un sistema liberal homologable con el resto de los regímenes liberales parlamentarios europeos, en el que las élites políticas y económicas eran las que tenían el control del orden político y social”. En este mismo sentido se expresa Joaquín Sanz, director del Centro de Estudios Históricos de Monzón (CEHIMO), que considera como una de las características principales de la Restauración el bipartidismo y turno de partidos, “en el que liberales y moderados se alternan en el poder mediante procesos electorales amañados por los caciques de los pueblos y la oligarquía financiera, comercial y campesina, que generalmente dejaba a las clases populares fuera del parlamento”. Costa resume su crítica a este sistema en dos palabras: Oligarquía y Caciquismo. Título de la obra que publicará en el año 1903 y en la que realiza un análisis detallado de esta forma de gobierno en España y del modo de cambiarla. Para Costa, en este sistema “las leyes solamente están dirigidas a las clases medias y altas, desentendiéndose del obrero, del trabajador del campo y del pequeño y mediano campesinado”.

ARAGÓN EN COSTA

Para entender el pensamiento político de Costa hay que remontarse a sus orígenes humildes y su infancia y juventud en el somontano aragonés. Costa nace en Monzón el 14 de septiembre de 1846. Hijo de labradores de escasos recursos muy pronto muestra una capacidad extraordinaria para el estudio que le lleva a realizar el Bachiller en Huesca y trasladarse más tarde a Madrid, donde se licencia y doctora en Leyes y en Filosofía.
En opinión del presidente de la Comisión de Actos del Centenario y profesor de Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, Cristóbal Gómez, el pensamiento político de Costa no puede entenderse sin las coordenadas geográficas “básicas y fundamentales” del campo oscense.

Mausoleo
Mausoleo de Joaquín Costa.

Su entorno original le marca de diversas formas. Por un lado, la geografía del prepirineo, en la que en algunas zonas el elemento fundamental es el agua, y en otras, la falta de ella”, asegura Gómez. “Costa va a convertir estos paisajes en metáfora del problema agrario español, proyectando en el conjunto de España estos desequilibrios hídricos”, subraya.

En opinión de Gómez, otras de las influencias que Costa recibe de Aragón son la de las instituciones comunitarias tradicionales, que estudia para establecer la base del desarrollo rural, y la de su origen campesino. “Esa pobreza de origen le marcará instintivamente, y principalmente en su obsesión por la mejora de las condiciones de vida del pequeño campesinado y de las masas jornaleras”, dice el sociólogo.

Carlos Forcadell pone en valor el que Costa sea “el único intelectual regeneracionista del 98 que viene del campo y que ha trabajo el campo con sus propias manos”. Según el historiador, Costa conoce mejor esta realidad que el resto de sus compañeros regeneracionistas, y además, “tiene una perspectiva más materialista que idealista. No piensa solo en conceptos jurídicos si no en que éstos tienen que tener una aplicación en la realidad”.
En 1892 Costa regresa desde Madrid a Graus aquejado de una progresiva enfermedad de atrofia muscular que le paraliza músculos y extremidades. Esta vuelta a casa supone el inicio de su carrera política con la creación de dos instituciones representativas del campesinado, la Liga de Contribuyentes de Graus y la Cámara Agrícola del Alto Aragón, con las que tratará de impulsar su proyecto de reforma agraria. El programa agrario de Costa es, según Gómez, un programa “pionero y moderno” que se anticipa en muchos aspectos a su época. “La mayor parte de sus soluciones eran factibles y algunas de ellas fueron ejecutadas con cierto retraso histórico”, explica.

Canal
El Canal Imperial fue una de las obras hidráulicas que Costa propuso durante su carrera política.

Una parte importante de este programa son las obras hidráulicas necesarias para modernizar la actividad agraria y extender los regadíos a las zonas de escasos recursos hídricos, que en opinión de Costa debe ejecutar el Estado.

En 1896, Costa se presenta como candidato independiente a diputado por el distrito de Barbastro. “No es elegido, y esto incrementa su crítica del sistema”, afirma Forcadell. Costa fija entonces los objetivos de su reforma en el conjunto de España y funda la Liga Nacional de Productores. En 1898 regresa a una plaza de notario en Madrid con una visión mucho más política y científico-social de España y comienza a preparar su obra Colectivismo agrario.

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