SIGLO XXI DE ARAGÓN
Todavía faltan unos meses para las elecciones del 22 de mayo, pero parece que estemos ahí, a juzgar por la actividad frenética de los partidos políticos. La reforma de la Ley Electoral ha hecho que todos se pongan en marcha mucho antes de lo previsto, y en la cartelería de la ciudad comparten protagonismo los candidatos a estos comicios con las rebajas. Porque tras el lanzamiento de Eva Almunia como sucesora de Iglesias, quien le acompañó en los primeros anuncios presentándola fiel a su estilo sobrio —el que ha contagiado a su “delfín”—, Luisa Fernanda Rudi, bajo el paraguas de su imagen conservadora, arropa a Eloy Suárez, el gran desconocido para muchos zaragozanos.
Mientras tanto, el PAR, en vez de apostar por sus líderes —harto conocidos entre los aragoneses, porque apenas ha habido renovación entre sus filas—, fundamentan su publicidad en proyectos que consideran suyos: Motorland o Walqa. Ahora, cabe preguntarse si otras iniciativas apoyadas por el PAR, que también han requerido fuertes inversiones, como el aeropuerto de Caudé (Teruel), no tienen el renombre de las citadas, ya que no salen en sus anuncios. Quizá porque todavía son un espejismo, a pesar de los millones que están suponiendo a las arcas públicas, o porque realmente son el capricho de unos pocos, los que juegan con el dinero de todos los contribuyentes.
Lo mismo puede pensar el lector de las empresas públicas que posee el Gobierno de Aragón, algunas avaladas por el PSOE y otras por el PAR, y que siempre están rodeadas de un halo de misterio, dado que cuentan con cientos de trabajadores y unos presupuestos de nivel, pero, ¿son realmente rentables? ¿Cómo se selecciona a una persona para trabajar en ellas? Aquí, uno más uno, no siempre es dos.

Y hablado de cifras, la Expo 2008, que en su día fue elogiada por todos está ahora en el punto de mira, ya que el Tribunal de Cuentas investiga posibles irregularidades en la adjudicación de algunos contratos y obras. Amén de los presupuestos, que según los datos oficiales se rebasaron en “tan solo 30 millones de euros”. Desde Siglo XXI de Aragón pensamos que fueron muchos más, pero aunque hubieran sido los 30 que dicen, no es concebible que un proyecto pagado por todos los aragoneses y los españoles —no hay que olvidar que tuvo apoyo del Gobierno Central— tenga unas cifras negativas, aún cuando la exposición internacional ayudó a transformar la ciudad de Zaragoza, pero no tanto a ponerla en el mapa, ya que la repercusión exterior de la cita no fue la esperada.
Si bien, con la Expo la capital aragonesa se sintió grande, y aprovechó las sinergias para crecer, lástima que la crisis que azota el mundo paralizara el proceso de crecimiento económico, y, con él, y avalado por nuevas directrices políticas, hayan surgido temas como la reforma de las pensiones o la financiación de las autonomías, que también están en el punto de mira. Igual que sigue estando La Muela, cuyos responsables municipales y seguidores siguen dando que hablar; lo mismo que Gran Scala, donde se abren ahora nuevos interrogantes, porque podría ir a Ontiñena, como afirma ILD, o a otro punto de Los Monegros, ya que parece que hay más empresas interesadas en convertir en un vergel el desierto monegrino.
Precisamente, el proyecto de Gran Scala es totalmente radical al pensamiento de los entrevistados en este número: Adolfo Barrena y José Manuel Alonso, de Izquierda Unida, desde donde abogan por la generación de empleo, pero no a cualquier precio, las garantías sociales y la participación ciudadana como un arma en la que apoyarse para llevar las riendas de un buen gobierno.
Igual que los candidatos de esta formación política, desde nuestra revista agradecemos mucho en la fuerza que nos da el lector, porque sus inquietudes nos preocupan. De ahí, que analicemos los temas con rigor, desde un punto de vista diferente, y sobre todo, neutral, por la libertad que nos da ser una revista independiente a la que le preocupa Aragón, un territorio que tiene inmensas posibilidades, pero que tan solo ven unos pocos.

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