Con la crisis económica, algunos edificios de titularidad pública de Zaragoza destinados a equipamientos sociales y culturales han quedado vacíos a la espera de contar con la financiación necesaria para su puesta en marcha. Algunos de ellos son resultado de varios años de obras de rehabilitación y acondicionamiento y partidas presupuestarias millonarias. Solo en Zaragoza hay detectada más de una decena de casos.

El Museo Pablo Serrano, en la fotografía, se inaugurará próximamente. Foto: V. Lax.
LAURA RABANAQUE. [Marzo 11] La construcción de nuevos iconos arquitectónicos se ha convertido en una práctica habitual en la ciudad de Zaragoza tras la celebración de la Exposición Internacional de 2008. Un ejemplo de ello es el nuevo Museo Pablo Serrano, propiedad del Gobierno de Aragón, que abrirá sus puertas al público este mes de marzo convertido en el centro de referencia del arte contemporáneo de la comunidad, tras unas obras de reforma y ampliación que han supuesto una inversión de 24 millones de euros.
Sin embargo, con la actual coyuntura económica, algunos inmuebles históricos de la ciudad de Zaragoza, y otros destinados a albergar equipamientos culturales, han quedado paralizados tras su rehabilitación y acondicionamiento a la espera de contar con la financiación necesaria que permita su puesta en funcionamiento.

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El candidato a la alcaldía de Zaragoza de Chunta Aragonesista (CHA), Juan Martín, señala que, en estos momentos, hay “más de una decena de edificios públicos”, algunos de ellos catalogados de interés cultural que, “o no tienen un programa de usos definidos” o, una vez finalizados los trabajos de reforma, “están viviendo el sueño de los justos porque no hay dinero”. Solo en esta decena de infraestructuras, se ha invertido en los últimos años cerca de 100 millones de euros.
Según el aragonesista, el mayor obstáculo que enfrenta la gestión del patrimonio cultural de la ciudad es el mantenimiento de la actividad cultural. “El problema no es la creación de contenedores sino el de la gestión, que evidentemente exige tener un proyecto y destinar partidas económicas importantes para su mantenimiento”. Un problema al que, en su opinión, no es ajeno el Museo Pablo Serrano.
Existen algunos ejemplos recientes de estos solares de la cultura. Edificios que deberían formar parte del entramado de espacios de convivencia ciudadanos, pero que se encuentran en distintas fases de ejecución, ya sea pendientes de la definición de un programa de usos por parte de sus propietarios, de su equipamiento interior o, directamente, de la construcción o remodelación de toda la infraestructura. El pabellón puente y la Torre de Agua, pertenecientes a las dos principales entidades financieras de la comunidad autónoma, son dos de los ejemplos más recientes. Otros acumulan años de retraso, como la antigua fábrica de Schindler y la nave de Giesa, destinada a equipamiento cultural para el barrio de Las Fuentes.

Museo del Fuego.

Imprenta Blasco.

Antigua cárcel de Torrero.

Edificio de la Caridad.

Palacio de los Condes de Fuenclara.

Espacio Goya.
Para buscar las causas de por qué estos espacios se encuentran vacíos y alejados del circuito cultural urbano, el consejero municipal de Cultura, Medio Ambiente, Participación Ciudadana y Grandes Proyectos del Ayuntamiento de Zaragoza, Jerónimo Blasco, se remonta a los primeros años de la década de los 80 y a la constitución del primer ayuntamiento democrático en la ciudad. “En esa época, el ayuntamiento dirigido por Sáez de Baranda, del que yo era concejal de Cultura, adquirió numerosos edificios derivados de la operación cuarteles y otros trámites urbanísticos”.
Jerónimo Blasco afirma que existe una “preocupación municipal” por todos los edificios adquiridos en aquella época, “que fueron poco a poco administrándose, aunque no se tenía claro su destino y no eran fruto de una operación económica rentable”. Lo que si que estaba claro es que o los compraba el ayuntamiento o se perdían. “De ese modo lográbamos mantenerlos”, subraya.
Según el actual consejero del ayuntamiento, “son centenares los edificios que han sido rehabilitados y acondicionados para nuevos usos en Zaragoza en los últimos 30 años”, aunque reconoce que hay otros que “están llevando más tiempo”.
En este sentido, asegura que la candidatura de Zaragoza a Capital de la Cultura para el 2016 supone “una oportunidad de sacar adelante algunos de estos proyectos” y apostar porque la cultura sea un motor del desarrollo de la ciudad, junto con la Universidad. Y pone como ejemplo el espacio cedido a la institución académica para habilitar una biblioteca y salas de estudio en el futuro Museo del Fuego.
BORRANDO LAS HUELLAS
Pero la crisis de contenidos no es el único problema que afecta a la gestión de la cultura. Otro de los problemas está relacionado con las intervenciones sobre el patrimonio y los edificios catalogados. El Gobierno de Aragón es la administración pública encargada de la gestión del patrimonio cultural de la comunidad autónoma, que cuenta desde el año 1998 con una Ley de Patrimonio Cultural.
La Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés (Apudepa) lleva años denunciando las malas prácticas administrativas y restauradoras en los proyectos de rehabilitación de patrimonio cultural de la ciudad, así como otras intervenciones que amenazan con borrar huellas y vestigios del pasado en todo el territorio aragonés.
Antonio Bitrián, arquitecto y miembro de Apudepa, explica que en la mayoría de las rehabilitaciones de edificios históricos para albergar equipamientos públicos, “se plantean unos usos que no son sostenibles a largo tiempo ni adecuados a la arquitectura del edificio”.
El arquitecto lo considera un “error muy característico” de las operaciones relacionadas con el patrimonio cultural. “A las administraciones les interesa poder construir algo espectacular que se enmarca dentro en una estrategia más amplia de venta de la ciudad. El Pablo Serrano es un ejemplo paradigmático de los nuevos museos que nacen al margen de su contenido y que son más una demostración decadente de fuerza”.
Muchos de los errores que se cometen en la gestión del patrimonio cultural son comunes a todas las intervenciones. Según Bitrián, “el mayor enemigo del patrimonio cultural son los intereses económicos y urbanísticos, más incluso que el abandono, y las administraciones públicas no demuestran tener o no tienen poder para prevenirlos”.
Pese a que la construcción de iconos permite vender una imagen de ciudad atractiva para el turismo y la inversión financiera, tal y como apunta el joven arquitecto, “no se está atento a lo que reclama una ciudadanía que lo que quiere es vivir con calidad de vida, en una ciudad que resulte agradable, cómoda y en la que sea posible evocar el pasado”.
EN MANOS DE LOS ARTISTAS
Por su parte, Juan Martín añade a los problemas e intereses financieros un “problema de voluntad política”, como causa de los problemas en la gestión cultural y del patrimonio. Según el edil del ayuntamiento zaragozano, “ciertos equipamientos públicos deberían cederse a las entidades culturales para que sean ellas quienes lo gestionen”, algo que no sucede porque “en el momento que cedes un equipamiento público a los colectivos sociales, evidentemente, la producción cultural que se haga será suya y no tendrá la marca de un partido político ni le podrás poner el logotipo de una institución”.
Una de las propuestas electorales del grupo municipal de CHA es la creación de un mayor número de empresas culturales y de empleo cultural, ya que según el candidato, toda la producción cultural de la ciudad no está aglutinada y no se colocan las vías para que se pueda generar actividad económica dentro del mundo de la cultura. “El compromiso político se debe cifrar en partidas económicas, y lo que se percibe en estos momentos es que el tejido cultural vive a espaldas de la realidad institucional”.

Aspecto, ya habitual, del solar donde hace una década estaba ubicado el Teatro Fleta en el centro de Zaragoza.
Sobre la cesión de los edificios y equipamiento vacíos a los colectivos de artistas, Jerónimo Blasco asegura que este tipo de experiencias “ya se están desarrollando”, y pone como ejemplo dos operaciones que forman parte de la candidatura de la ciudad para el 2016.
Uno de ellos es la aprobación y adjudicación de las obras de acondicionamiento del corredor entre el Coso y el Centro de Historia, en la calle Asalto, para la creación de una decena de locales que los artistas podrán adquirir “a precios simbólicos, prácticamente gratuitos”, para ubicar en ellos sus estudios, talleres o comercios.
El otro es el Centro de las Armas, también en el Centro Histórico, cuyas obras finalizarán el próximo mes de marzo. El futuro centro cuenta con un espacio de hostelería, salas de actividades y salón de cine y conciertos, y también incorpora una serie de locales que estarán a disposición de aquellas personas que tengan proyectos relacionados con la cultura y el arte.
Con estas actuaciones, el ayuntamiento pretende además “dinamizar” los barrios históricos del centro de la ciudad dentro de una estrategia más amplia, que incluye otras intervenciones, como la del Distrito Erasmus, en el barrio de San Pablo, o la rehabilitación del cuartel de Pontoneros para usos universitarios.
HORIZONTE 2016
En opinión de Blasco, el problema de los edificios sin contenido es un “problema heredado”, ya que “ha habido un voluntarismo de hacerse con edificios aún sin saber todavía para lo que eran, para que no se perdieran o no cayeran en manos de la iniciativa privada”.
La candidatura de Zaragoza a Capital Europea de la Cultura plantea un mayor esfuerzo público en la creatividad y en dar contenidos a estos edificios. En algunos casos sí que plantea destinar espacios a los artistas, pero estos deben de ser locales “sencillos, baratos y muy flexibles”, ya que el ayuntamiento prevé su rotación.
El consejero del consistorio zaragozano concluye que “es difícil encontrar en España algún ayuntamiento que haya hecho una apuesta cultural tan potente como la nuestra, donde están implicados tantos actores”. Además, considera que “la gente está percibiendo que por primera vez, la cultura ha pasado a ser un elemento importantísimo”, e indica que precisamente se apuesta porque la capitalidad sirva “de revulsivo” para atraer inversiones. 

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