
Una de las obras que se puede admirar en el interior del IAACC Pablo Serrano. Fotos: Víctor Lax.
La reciente apertura del IAACC Pablo Serrano y el Museo Diocesano de Zaragoza viene a enriquecer la oferta museística aragonesa. Las ambiciosas iniciativas del Gobierno de Aragón y el Arzobispado tienen en común el estar ubicadas en edificios notables. Ahora se enfrentan al reto de que la ciudadanía responda con su visita.

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MARCOS ESPAÑOL. [Abril 11] ¿Es Aragón una tierra de museos? La apertura a finales de marzo del IAACC Pablo Serrano y el Museo Diocesano de Zaragoza contribuye a que la respuesta se acerque un poco más al sí. El primero es el resultado de una larga rehabilitación que ha dado como fruto un impactante edificio al que la ciudad se va acostumbrando. Llamado a ser el centro neurálgico del arte contemporáneo aragonés, su programación inaugural se centra en el proceso de reforma, la figura del escultor que le da nombre, y las obras de reconocidos creadores de la tierra.
Por su parte, el Diocesano nace con la voluntad de incrustarse en los recorridos turísticos que incluyen el Pilar, la Seo y el Museo de Tapices, a fin de conformar un discurso unitario en la zona más visitada de Zaragoza. Ambos han abierto sus puertas con la idea de implantar un nuevo concepto museístico, que se apoya en la tecnología, respeta los espacios y dota a la ciudad de nuevos referentes culturales, acordes con el siglo XXI.
IAACC Pablo Serrano
Del nuevo Pablo Serrano se ha hablado mucho, a lo largo de unas reformas que han sido largas y a las que no les ha faltado la polémica que suele envolver a los proyectos ambiciosos. Sin embargo, es ahora que el museo ha abierto sus puertas y pueden comprobarse los resultados, cuando sus responsables quieren que esté en boca de la ciudadanía. La respuesta no se ha hecho esperar: 7.500 visitantes en la primera semana.
La ampliación, diseñada por el arquitecto José Manuel Pérez Latorre, ha permitido triplicar el espacio útil del edificio, que ha pasado de 2.500 m2 a más de 7.000. De éstos, 3.000 m2 están destinados a espacios expositivos. Para inaugurar el museo, se ha decidido atinadamente crear una retrospectiva de lo que ha sido el proceso de renovación.

La nueva silueta del IAACC Pablo Serrano ha suscitado todo tipo de
opiniones entre los ciudadanos. Foto: Gob. Aragón
Ubicada en la planta calle, en ella los visitantes recorren, a través de bocetos, fotografías y carteles, la historia de un edificio que arrancó su andadura en 1916, como taller del Hospicio Pignatelli, y en nuestros días se ha convertido en una construcción atrevidamente vanguardista que se erige para dar a Zaragoza un nuevo skyline. Conocer es amar, y resulta grato dejarse sorprender por las curiosas imágenes de los aprendices de carpintería trabajando a principios del siglo XX.
El recorrido continúa con el antiguo museo, que abrió sus puertas en 1994 con la intención de ser monográfico del artista turolense. Proyectado por Pérez Latorre, el acondicionamiento pasó por respetar la esencia de la antigua fábrica. El arquitecto prescindió de los muros que acotaban el espacio interior, sustituyéndolos por cerchas para crear una gran sala diáfana, iluminada cenitalmente.
El museo fue asumiendo progresivamente una creciente actividad, y no tardaron en organizarse exposiciones temporales, una vez reconvertido en Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos. Por él pasaron creadores como Joan Miró, Antonio Saura o José Manuel Broto, y la sala tomó el papel de epicentro de la Comunidad en lo que a arte de nuestro tiempo se refiere.
La ampliación pasó de ser una idea a una acuciante necesidad y, en 2005, se firmó un proyecto cuya primera piedra fue colocada de 2007. El arquitecto debía trabajar de nuevo en su edificio, que tenía que crecer y sólo podía hacerlo hacia arriba. Durante el proceso de obras, su chocante idea no tardó en ser bautizada. Primero, ‘plataforma petrolífera’. Cuando empezó a verse su piel sintética, negra y turquesa, ‘Mazinger Z’. Sin duda, es un diseño arriesgado, que necesita de tiempo para que la ciudadanía lo digiera, pero que va en línea con su finalidad de espacio para el arte más vanguardista.
Selección del artista
Si en el antiguo museo se podía admirar la Colección Pablo Serrano en su conjunto, con la reapertura se ha optado por dividir la obra del artista y ofrecer sólo una cuidada selección de sus trabajos, diseminados entre las plantas primera y segunda. Siguiendo los cánones de las exposiciones modernas, no se trata de volcar todo el contenido, sino de crear un hilo argumental que guíe al visitante a fin de que comprenda algunos detalles importantes de la obra de un creador global, como fue Serrano.
Titulada ‘O con la estrella o en la cueva’, se trata de un emocionante diálogo entre la materia y el vacío. La selección ha sido realizada por el también escultor Fernando Sinaga y arranca con las primeras preocupaciones de Serrano por el espacio. Su idea de la destrucción, investigada incluso con la quema de esculturas, y sus disquisiciones sobre la muerte, con el diseño de tumbas, llevaron al artista a evolucionar hasta lo que llamó “la presencia de la ausencia”.
La muestra se cierra con una imagen de la Gran Bóveda de Aldeadávila, un proyecto paisajístico monumental que Serrano aportó a la presa del mismo nombre. Se trata de una obra brillante y poco conocida, que refleja la obsesión de Serrano en la búsqueda de un refugio.
Las dos últimas plantas se han dedicado en la inauguración del museo a recoger los trabajos de artistas aragoneses de reconocido prestigio. Entre ellos, el propio Fernando Sinaga, así como Enrique Larroy, Lara Almarcegui o Javier Codesal. Resulta especialmente interesante la instalación de Enrique Radigales, que relaciona el sonido y la tinta para cuestionar la eficiencia de la tecnología. Por su parte, Fernando Noguero ofrece una serie de atractivas escenografías que rompen la tradicional división entre pintura, escultura y arquitectura. Estas exposiciones, junto a las de Pablo Serrano y la del propio edificio, permanecerán hasta el 31 de julio.
La paz del Diocesano
La turbulencia que incita la vibrante modernidad del IAACC Pablo Serrano tiene en el nuevo Museo Diocesano de Zaragoza ese contrapunto que supone echar la vista atrás y mirar sosegadamente los orígenes de un pueblo para comprenderse. Inaugurado el 21 de marzo por la infanta Cristina, pretende “una nueva lectura de la Zaragoza de siempre, que recupera el sentido histórico del camino del Ebro”, indica el director científico del museo, Domingo Buesa.
Él ha sido el principal artífice de este proyecto ambicioso. Ahora, con la directora gestora, Carmen de Miguel, forman un tándem que tiene el reto de que el Diocesano entre de lleno en las rutas turísticas de la ciudad. Una de sus grandes ventajas es su privilegiada situación, en la ‘zona cero’ de la capital aragonesa.

El Museo Diocesano fue inaugurado recientemente por la infanta Cristina.
El primer aliciente es el propio edificio, un hermoso palacio renacentista, las Casas del Obispo, cuyos orígenes se remontan a la época romana. Durante las reformas, se han encontrado en él tesoros como un magnífico artesonado mudéjar, prácticamente intacto, que ahora forma parte del patrimonio que puede admirarse en la visita.
El propio edificio habla, y el contenido, más que una colección de piezas religiosas, es una buena oportunidad para conocer la larga historia de la urbe. Otro detalle que sorprende son las modernas instalaciones con las que cuenta el palacio. “Éste no es un museo carca”, apunta convencida la directora, para quien es “el mejor de Aragón en lo que a tecnología se refiere”.
Ya en la primera sala, una rehabilitada estancia del siglo XV, nos recibe un impactante audiovisual que se proyecta en las cuatro paredes y el techo, sobre la leyenda de la aparición de la Virgen del Pilar al apóstol Santiago. El espacio está presidido por magistrales tallas de la Virgen, acompañadas de tapices elaborados en Bruselas a partir de patrones de Rafael.
Una Zaragoza que mira al Ebro
La visita continúa con una reveladora explicación de los orígenes del palacio y de la propia ciudad, en la que se resalta la idea de que Zaragoza no siempre vivió de espaldas al Ebro, sino que éste fue la verdadera calle principal hasta el auge del Coso, en el siglo XVIII. A continuación, un nuevo audiovisual relata la historia de la Diócesis de Zaragoza, con sus principales protagonistas: San Valero, San Vicente, Santa Engracia o los Innumerables Mártires.
A lo largo de la visita, se encuentran los rastros del antiguo edificio, desde un pozo romano, pasando por lápidas de los siglos III, IV y V realizadas con mosaicos, hasta unos magníficos capiteles románicos de la antigua iglesia de Santiago. La colección, que nace con la voluntad de evolucionar a fin de que el museo sea un espacio vivo, cuenta con una interesante colección de cálices. De sala en sala, se disponen distintos elementos relacionados con la liturgia: campanillas y palmatorias de origen mexicano, un misal zaragozano de 1522, custodias o cruces parroquiales de gran valor.
En la planta superior se ha habilitado un espacio que servirá para realizar exposiciones temporales, así como una sala en la que aparecen retratados todos los arzobispos de Zaragoza, con pinturas de Goya, Bayeu o Coello. Una vez terminada la visita, es recomendable hacer un alto en cualquiera de las dos cafeterías del recinto. La interior está presidida por un enorme mural de Ruiz Anglada. La exterior se encuentra en un acogedor patio cuadrangular a los pies de la Seo.
El museo ha recibido 1.000 visitantes en sus primeros 15 días abierto al público y sus responsables ya piensan en su futuro. Tienen la intención de organizar conciertos y conferencias, reforzar la unión con el resto de museos diocesanos aragoneses (Huesca, Jaca, Barbastro y Teruel) y ofrecer exposiciones temporales de interés. Planean una de belenes napolitanos para la próxima Navidad. 

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