
Los fines de semana los parques y jardines se llenan de jóvenes. Fotos: Víctor Lax.
Los jóvenes zaragozanos se reúnen cada vez en mayor número a orillas del Ebro durante las noches del fin de semana. Los vecinos se quejan de la basura que generan en un espacio acondicionado recientemente para el esparcimento. En otros puntos de la ciudad, el botellón no ha ido a menos y se traduce en molestias para quienes viven cerca.

Descárgate el artículo más completo y en formato pdf.
MARCOS ESPAÑOL. [Mayo 10] Es un signo de nuestro tiempo. Al llegar la noche, cientos de jóvenes ocupan el espacio público en lo que parece ser la única forma de diversión con la que cuentan durante el fin de semana. Algunos puntos de Zaragoza son desde hace años centros del botellón: la plaza de Los Sitios, los bulevares de Constitución o el parque José Antonio Labordeta. A ellos se les han unido las riberas del Ebro en sus ambas márgenes, que especialmente desde el último año concentran la mayor parte de esta práctica.
En algo se ha ganado. La ubicación está relativamente lejos de las viviendas y el ruido no supone un problema serio de momento. Sin embargo, una zona que se acondicionó en 2008 como lugar de esparcimiento es ahora un foco de basuras precisamente durante los días en los que la ciudadanía tiene tiempo para aprovechar estos espacios naturales.
Pero los lugares clásicos siguen vigentes. Los jóvenes los invaden o dejan de hacerlo según varía la vigilancia policial, en un juego del gato y el ratón interminable. Cuando se pregunta a los responsables, en su mayoría defienden el botellón, argumentando que las copas en los bares son caras, y piden que se habilite una zona en la que puedan reunirse sin molestar.
Más de 800 kg de basura
El hecho de que el botellón invada las riberas ha traído consigo que el Servicio de Limpieza de Ríos-Canal de FCC modifique su labor. Ahora, los rastrillos, podadoras y sopladoras son herramientas para eliminar botellas y bolsas de plástico que se acumulan en el cauce. Realizan una batida diaria, a excepción de los domingos, en el Ebro, el Huerva, el Gállego y el Canal.
Los restos de botellón en el principal río de Zaragoza empezaron a detectarse cuando se acondicionaron las riberas, coincidiendo con la Expo de 2008. Sin embargo, es en los últimos ocho meses cuando ha corrido la voz y se ha convertido en el principal centro de reunión para los jóvenes, indican desde FCC.
Los lunes, el equipo de limpieza retira de esta zona 800 kg de desperdicios, en su gran mayoría basura generada por el botellón. Forman parte del servicio un encargado y 13 operarios, equipados con un camión-baúl, una furgoneta y dos todoterrenos.

Una de las cosas que más molesta a los vecinos, es toda la basura que queda tras los botellones.
El sábado por la mañana también deben retirar los restos de la fiesta de la noche anterior, pero en menor medida.
“Los domingos nos encontramos bolsas y papeleras llenas, precisamente el día en el que la gente pasea por las riberas”, indica el presidente de la asociación de vecinos Lanuza-Casco Viejo, Javier Rodríguez. Informa de que los jóvenes se congregan en grupos de 15 personas como máximo, diseminados a lo largo de la orilla
“Es lo de siempre, algunos son cívicos y otros no”, señala. En las últimas semanas, durante un botellón alguien incendió un cubo de basura. Un ascensor que comunica el paseo Echegaray y Caballero con la ribera, resultó destrozado, y el olor a orina es habitual a lo largo del cauce. “Es un problema de todos, algo falla en la educación cuando se justifica destrozar impunemente el mobiliario urbano”, opina Rodríguez. Para él, “la Policía debe hacer que cumpla la ley este grupo de jóvenes, que son minoría, pero una minoría continua”.
Reconoce que el hecho de que el botellón se haya desplazado hacia el río ha permitido reducir el ruido en el barrio. “La zona está por debajo de la vía pública y en el mismo paseo Echegaray no se oye nada”, apunta. El principal problema ahora, además de los destrozos, es la basura que se genera y no se recoge hasta el lunes.
De la misma opinión es el presidente de la asociación de vecinos Arrabal-Tío Jorge, Rafael Tejedor. “Es una pena que unas zonas que están bien acondicionadas presenten el aspecto que nos encontramos el domingo”, indica. En la asociación han detectado que en la margen izquierda se ha instensificado el botellón especialmente en el último año y que éste está íntimamente ligado con la cercanía de comercios en los que los jóvenes pueden comprar bebida.
Grupos que van y vienen
En el barrio del Arrabal, además, sufren desde hace años el botellón en otro punto: el parque Tío Jorge. Tejedor explica que tradicionalmente se congregaban en él ciudadanos de origen ecuatoriano. El comportamiento incívico de algunos de ellos generó decenas de titulares en la prensa. Estos grupos fueron retirándose conforme se apoderaron de la zona verde los mismos jóvenes que practican botellón en otras partes de la ciudad. Ahora, que la gran mayoría de esos jóvenes ha migrado a la ribera, en especial al entorno del Balcón de San Lázaro, los ecuatorianos están volviendo al Tío Jorge.
Cambian los grupos, pero las zonas de reunión se mantienen. En el área del Huerva, a la altura del conocido como puente de los Gitanos, llevan años sufriendo esta práctica. A ella se le añade el ruido generado por los locales de copas de la zona conocida como ‘El Rollo’. Ignacio Sáenz Cosculluela, presidente de la asociación de vecinos La Huerva, indica que el ruido en horario nocturno se mantiene, a pesar de la entrada en vigor de la ley autonómica que pretende atajarlo.
“La zona de Moncasi contaba con 68 bares y hoy son sólo 10, el problema es que son conflictivos y no han descendido las molestias”, explica. Los vecinos se quejan de las “broncas” que se generan en el barrio, uno de los que más sufre desde hace décadas los problemas que surgen del ocio nocturno.
Actuación policial
Al contrario de lo que mucha gente piensa, beber en la calle no está penado en nuestro país. Por ese motivo, la Policía Local no puede actuar a no ser que los jóvenes que practican botellón sean menores, en cuyo caso pueden avisar a sus padres o tutores. La labor policial consiste en hacer acto de presencia en aquellas zonas donde se localizan las reuniones, a fin de asegurarse de que no perturban la tranquilidad de los vecinos.
Las denuncias más habituales son, precisamente, las relativas al ruido, rigiéndose por la normativa de Protección del Espacio Público. En 2010, se cursaron en Zaragoza 680, cuando por abandono de basuras sólo se produjeron dos. La explicación es sencilla: resulta muy complicado ‘pescar’ al infractor y estar seguro de que los desperdicios no pertenecen a otra persona. Así lo indican fuentes municipales.
La propia Policía Local reconoce que la mayoría de jóvenes se comporta adecuadamente, y su labor consiste básicamente en recordarles que deben recoger la basura. Algunos, incluso huyen al detectar la presencia policial, a pesar de no estar cometiendo un acto ilícito.
Cuando se pregunta a los propios jóvenes sobre el porqué del botellón, la respuesta más frecuente es el precio de las copas en los bares. Por el dinero de dos cubatas pueden comprar una botella entera. No parece que contemplen una alternativa a tomar alcohol.
La mayoría aboga por habilitar una zona en la que puedan reunirse sin molestar, una idea que han seguido otras ciudades españolas y produce periódicamente imágenes desoladoras de basura y peleas.
Los propios jóvenes reconocen que hay grupos que se comportan de manera incívica, y lamentan que se meta a todo el mundo en el mismo saco y se les censure. En Zaragoza, así como en otras ciudades aragonesas, el botellón lo protagonizan pequeños grupos de amigos, separados unos de otros. Si no se toman las medidas oportunas, el hecho de que las riberas del Ebro se estén convirtiendo cada vez más en el punto neurálgico, puede ocasionar que se masifique esta práctica, con la consiguiente degradación de la zona.

NÚMEROS PUBLICADOS