
Acampada de 'indignados' en la Plaza del Pilar. Foto: NHC
Un mes. Ese es el tiempo que ha pasado desde que varios ciudadanos decidieran concentrarse en la Puerta del Sol para protestar ante asuntos como la corrupción política, el paro, las ayudas a entidades financieras o el sistema electoral. El fenómeno, al que ya se conoce como “spanish revolution” ha corrido a la velocidad de internet por medio mundo. Son parados y trabajadores. Se han organizado en comisiones y han decidido en asambleas. Dicen que han dado una lección a los políticos y que no pararán. Pero ¿cómo se han gestionado? ¿cómo surgió el movimiento? ¿tienen repercusiones económicas para las ciudades? Uno de sus lemas es “Con un paso se empieza una larga marcha”.
NATALIA HUERTA. [Junio 11] El 15 de mayo, La Puerta del Sol y otras plazas de ciudades eran tomadas por "indignados". El fenómeno 15M se extendía a la velocidad de Internet. Por España y por las principales ciudades del mundo. Todo comenzó en las redes sociales. Pero no nació de la noche a la mañana. A finales de 2010, ya hubo movimientos individuales en Facebook para protestar por la situación actual. Hoy, más de 500 entidades han mostrado su apoyo al movimiento. Andrea Gimeno fue una de las primeras en sumarse al movimiento en Zaragoza. “Todos a las 12 el martes 17 en la plaza del Pilar”. El campamento ha llegado a tener 325 tiendas y 1.300 personas. “Esa es la primera valoración positiva: cada uno en su casa tiene su hastío, y ahora somos muchísimos”.

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Al principio “nos ponían adjetivos peyorativos, decían que éramos vagos y que no teníamos nada que hacer, pues no… El éxito de la acampada está en que muchos profesionales están volcando aquí los conocimientos y la experiencia, es una lección para los que nos han denostado”. ¿Repercusiones económicas a la ciudadanía? “Positivas para los negocios de la plaza y no hemos costado dinero, no debemos nada a nadie, la acampada ha autogestionado, nos autoabastecemos con energía renovable, lo único que el consistorio ha prestado ha sido dos aseos y unos días de electricidad”. En cuanto a los comerciantes, “no ha pasado como en Madrid, aquí hemos sido un foco de atracción, con afluencia masiva, muchos comerciantes nos han mostrado su apoyo”.
Lo primero que explicaban en el campamento es que “no hay cargos, no hay representantes, no hay portavoces, aquí cada uno habla por si mismo, como ciudadano, da su opinión”. No ha habido una estructura piramidal sino horizontal, nadie ha mandado a nadie, cada uno ha dedicado el tiempo a lo que ha creído necesario. Eso sí, la “pequeña ciudad ha crecido de manera exponencial y se ha organizado a través de comisiones y con decisiones tomadas en asamblea”. Han contado con apoyo de electricistas, profesores de Universidad, especialistas en Derecho o empresarios. Algunos la han definido como “el foro griego revivido”. La acampada ha contado con comisiones de limpieza, alimentación, material, censo, información y comunicación.
Cada uno ha tenido una razón para estar. La gran mayoría del movimiento 15M han sido estudiantes. Pero también había ciudadanos como Miguel, un zaragozano de 50 años, parado, que no concebía “poder estar en otro sitio mientras esto dure”. “Este es el momento, es una gripe de esperanza, por encima de cualquier otro movimiento, y tengo que contagiarlo, tienen que empezar a escucharnos y por eso dedico mis esfuerzos a que nos escuchen”. O como Julia, de 62 años. El movimiento le hace “recordar la lucha contra el franquismo, los últimos años del régimen… Entonces creíamos que la Democracia facilitaría que fuéramos más felices ¿Cómo nos hemos dejado engañar por los partidos políticos? ¿Dónde está esa Democracia que no iba a llevar a la igualdad y a la justicia en la que creíamos nosotros?" Julia cree que “como un filósofo dijo, un camino largo se inicia con una paso… Quizá este sea ese paso”. Hay un siguiente paso. “La revolución sigue en marcha: el 19 de junio toma la calle de nuevo”. 
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La acampada organizada por el movimiento 15M ha planteado una pregunta fundamental: ¿es la vía pública un espacio en el que impera la libertad? Con la ley en la mano, las restricciones son numerosas y están sujetas a las particularidades de cada ayuntamiento.

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