
La legislación sobre actuaciones callejeras varía mucho
de una localidad a otra. Foto: Víctor Lax
La acampada organizada por el movimiento 15M ha planteado una pregunta fundamental: ¿es la vía pública un espacio en el que impera la libertad? Con la ley en la mano, las restricciones son numerosas y están sujetas a las particularidades de cada ayuntamiento.
MARCOS ESPAÑOL. [Junio 11] El 15M ha cogido por sorpresa a la administración. La originalidad de la protesta, extremadamente cuidadosa para no generar molestias, ha supuesto que su disolución no se haya planteado en la mayor parte de ciudades. Donde lo han hecho, el resultado ha sido que crezca la indignación.
El movimiento ha generado una pregunta acerca de la propiedad del espacio público. ¿Es de todos? En el caso de que lo sea, ¿hasta qué punto se pueden comportar los ciudadanos con libertad? Acampar, realizar espectáculos artísticos en plena calle a cambio de la voluntad, pasear ligero de ropa... Existen una serie de cuestiones en las que las opiniones son diversas. La normativa de cada ayuntamiento suele ser clara. Sin embargo, en ocasiones existen vacíos legales.

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Los acampados en puntos como la plaza del Pilar han redefinido el modo de salir a la calle para reivindicar derechos. Su exquisitez ha logrado incluso que exista colaboración con las instituciones. Es evidente que uno de los logros del movimiento ha sido la manera de llevar a cabo su protesta. Se ha puesto el acento en la limpieza, se ha controlado el consumo de bebidas alcoholicas y no se han lanzado consignas ofensivas hacia ningún colectivo. No obstante, con la ley en la mano, las acampadas podrían ser levantadas.
En el caso concreto de Zaragoza, la Ordenanza de Protección del Espacio Urbano prohibe en su artículo 12.3 las acampadas en la vía pública, salvo en las zonas habilitadas expresamente. Estas áreas están reguladas a través de un decreto del Gobierno de Aragón. En esta norma, se especifica en qué zonas de la Comunidad se permite la colocación de tiendas de campaña, y cualquier otro punto no especificado es, por tanto, ilegal.
La única posibilidad para que se autorice una acampada en Zaragoza es realizar una solicitud al Ayuntamiento. Sin embargo, fuentes municipales indican que ésta no se ha llevado a cabo en el caso de la protesta de la plaza del Pilar.
El Consistorio explica que esta normativa rara vez se ha debido aplicar. Cuando se ha hecho, ha venido motivada por denuncias de la Policía Local, relativas a campamentos improvisados, generalmente de desplazados que llegan a la ciudad para realizar trabajos de temporada.

Hasta 1.500 euros de sanción por un graffiti.
Las mismas fuentes apuntan que sí suele ser habitual localizar a personas pernoctando en turismos o furgonetas, una situación que no es común que se sancione, siempre que los automóviles estén bien estacionados. Esto suele ocurrir, por ejemplo, durante las fiestas del Pilar.
Al contrario que en otras ciudades, en Zaragoza no es una práctica frecuente que, durante las celebraciones, se organicen campamentos en zonas como parques o jardines. Es, por tanto, una situación bastante desconocida.
Asímismo, hay que tener en cuenta que “una medida represora depende de la persona a la que se le aplica”, indican desde el Ayuntamiento. El hecho de que los acampados en la plaza del Pilar se hayan comportado en todo momento pacíficamente y no se registren altercados significativos, ha contribuido a que no se plantee el desalojo.
Pero si acampar en la calle no está permitido según la normativa, nada se dice de dormir en la vía pública. El ejemplo más claro es la situación de los indigentes que pernoctan en bancos o aceras, ante los que las patrullas policiales rara vez intervienen. Si lo hacen, generalmente es para atenderles, y sólo si hay un perjudicado directo se solicita al ‘sin techo’ abandonar el lugar, por supuesto sin aplicarle sanción alguna, explican desde el Ayuntamiento zaragozano.
Otra irregularidad que se podría achacar al movimiento 15M es que no se ha cumplimentado la solicitud necesaria para realizar manifestaciones o concentraciones en la vía pública. En ella debe constar el tiempo estimado, así como la ubicación y el recorrido. Este trámite permite que las protestas estén controladas y, en el caso de que sea necesario cortar el tráfico, sea la Policía la que lleve a cabo el operativo pertinente.
El hecho de que la acampada no haya interferido en la vida cotidiana de los ciudadanos, unido a la simpatía que el movimiento despierta en la sociedad, ha influido para que las autoridades no actúen al respecto. Al final, la protesta ha puesto de manifiesto que, más allá de la normativa, está el sentido cívico y el derecho a poder expresarse con libertad.

En Zaragoza no se prohibe ir desnudo.
Ir desnudo por la calle es legal
Hay innmuerables situaciones que, tal vez por atípicas, cuentan con distinta regulación dependiendo de las ciudades. La libertad personal a la hora de vestir es algo que en Zaragoza se cumple al 100%. Ninguna normativa prohibe a los ciudadanos, por ejemplo, ir desnudos o semidesnudos por la calle, lo que sí se sanciona en Barcelona desde hace unas semanas.
En la ciudad condal, las multas por dejarse ver sin ropa o solamente con bañador en la vía pública van de los 120 a los 500 euros. Curiosamente, el ayuntamiento de la capital catalana se ha caracterizado siempre por ser liberal y, en otros tiempos, incluso apoyar el nudismo. Al parecer, el cambio de rumbo ha venido motivado por las situaciones generadas en los últimos años ante la creciente llegada de turistas, que en ocasiones choca con la imagen de elegancia que quiere dar la urbe.
Fuentes del Ayuntamiento zaragozano apuntan que “no existe demanda social de una norma en este sentido”. El hecho de que en la ciudad no haya playa y el perfil de turista sea distinto, hace que no se plantee una norma semejante. De hecho, todos los años se organiza la ruta ciclonudista por las calles de la ciudad sin que exista ninguna controversia.
Actuaciones callejeras
Tocar un instrumento en la vía pública requiere una autorización en Zaragoza. Para obtenerla es necesario acreditar capacitación profesional a través de algún documento (por ejemplo, el título de un conservatorio). De esta manera, el Ayuntamiento de Zaragoza regula que los músicos que actúan en la vía pública tengan cierta calidad interpretativa.
Sin embargo, este sistema no se repite cuando se trata de una actuación de otra índole. “Yo veo bien que se regule, mientras sea igual para todos”, indica Joaquín Madrigal, artista de circo cuyo nombre artístico es Kakim. Se dedica al espectáculo de manera profesional, cuenta con una compañía —Kakimalabares— y página web —www.kakimalabares.es—. Es, en definitiva, un artista contrastado. Sin embargo, ha intentado en repetidas ocasiones realizar espectáculos callejeros en Zaragoza con la aprobación del Ayuntamiento y “al parecer, no cuentan con un formulario”.
Para él, actuar en la calle es muy valioso, dado que puede experimentar con espectáculos nuevos y comprobar la aceptación del público. Como no lo ha logrado de manera legal, opta por soluciones alternativas. “Por ejemplo, me he puesto en contacto con los responsables de alguna terraza del Parque Grande para ofrecer espectáculos a sus clientes, luego ya es cuestión de negociar un precio o bien optar por pasar la gorra”, explica.
De la misma opinión es Toño Zarralanga, payaso y actor de calle: “Una vez intenté indagar cómo se sacaba el permiso y te mandan de Zaragoza Cultural a Servicios Públicos y viceversa”, señala. Ambos coinciden, no obstante, en que la organización durante las fiestas del Pilar es buena. “Se pone marcha un concurso, y gracias a él te asignan una zona y un horario determinado”, explica Joaquín Madrigal.
“En otros lugares de España está mejor, por ejemplo en Madrid; allí si quieres actuar en el metro te especifican dónde te tienes que colocar”, indica. También destaca la gestión “en el País Vasco”.
Sin embargo, otros profesionales ven con recelo que se controle excesivamente la actuación callejera: “Yo creo que existe demasiada burocracia y parece que vamos en esa línea”, opina Luis Bordonada, actor de la compañía teatral aragonesa PAI. Pone el ejemplo de Barcelona, “donde actuar en la calle es prácticamente un casting”.
En este asunto, como en los anteriores, es complejo encontrar el punto medio que concilie, por un lado, la libertad personal de cada individuo y, por otro, el bienestar del conjunto de la sociedad. Mientras no se halle, seguirán existiendo motivos para la controversia. 
Ver también artículo: El ágora del Siglo XXI →
Un mes. Ese es el tiempo que ha pasado desde que varios ciudadanos decidieran concentrarse en la Puerta del Sol para protestar ante asuntos como la corrupción política, el paro, las ayudas a entidades financieras o el sistema electoral. El fenómeno, al que ya se conoce como “spanish revolution” ha corrido a la velocidad de internet por medio mundo. Son parados y trabajadores. Se han organizado en comisiones y han decidido en asambleas.

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