
Actuación del grupo aragonés Slogan en La Lata de Bombillas.
Las salas de conciertos, caldo de cultivo donde se desarrolla el talento musical, ven en 2012 un año dramático debido a la crisis. Sus responsables piden a las administraciones que mantengan las ayudas y sueñan con una Ley de la Música que regule una actividad que, tradicionalmente, ha estado muy maltratada.
MARCOS ESPAÑOL. [Noviembre 11] No es casual que Aragón pueda enorgullecerse ahora de haber sido una potencia musical en los años 90 y principios del siglo XXI. A pesar de ser una comunidad con escasa población, ha dado a muchos de los artistas con más éxito en nuestro país. Héroes del Silencio, Niños del Brasil, Bunbury, Amaral, Carmen París o Violadores del Verso han llegado a la fama merecidamente gracias a un talento que ha podido desarrollarse, entre otros factores, por la existencia de una infraestructura que, durante años, ha funcionado.
Las salas de música en directo son una pieza clave. Permiten el rodaje de los músicos, que se enfrenten a la difícil misión de conectar con el público y pulan defectos en su interpretación. Particularmente, Zaragoza ha contado con un buen número de locales en las últimas décadas, algunos con mucha solera, si bien muchos aparecen y desaparecen en cortos periodos de tiempo.

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En la actualidad, más de 20 salas cuentan con programación musical, siendo mayoría los artistas aragoneses. “Un 80% son grupos de aquí, fundamentalmente por razones económicas”, señala José Ángel Rodicio, presidente de la Asociación Aragón en Vivo. Reúne a 27 salas de la Comunidad, 22 de ellas en la capital. Fundada hace dos años, es fruto de “la buena sintonía que hay entre nosotros, si bien hay mucha diferencia entre los locales grandes y los pequeños”, explica. Piensan ya en proyectos comunes, si bien en la actualidad sigue manteniéndose la política de que cada sala programe por su cuenta. Al menos, dado el entendimiento, se ha evitado la contraprogramación.
“En 2010 empezamos a notar seriamente la crisis”, indica Rodicio, que es además el propietario de La Campana de los Perdidos, la sala decana de Zaragoza. La clientela se ha reducido y, a su vez, se ha desbordado la oferta de artistas que cada vez cuentan con menos lugares en los que tocar. “A mí me ha llegado a llamar María del Mar Bonet, para actuar en un local con un aforo de 50 personas”, desvela.
En su opinión, “2012 va a ser un año muy negro”. Por esa razón espera “que la DGA no retire las subvenciones que lleva concediéndonos dos años”. También el Ayuntamiento colabora en la producción, con una dotación de 35.000 euros al año, unos 1.500 euros por cada sala que cumple los requisitos fijados. “Oasis, por ejemplo, cede su parte debido a que en su manera de trabajar prácticamente no produce, sino que alquila la sala a promotores externos”, explica Rodicio.
la asociación aragón en vivo reúne a 27 salas de la comunidad, 22 de ellas en la capital
“Ya no es el dinero, sino el reconocimiento que hemos echado a faltar durante muchos años”, señala. El propietario de La Campana de los Perdidos, abierta en 1989, recuerda los problemas que tuvo cuando le precintaron el local. Por un lado, no respetaba la Ley del Ruido y, por otro, el Casco estaba considerado zona saturada y no le permitían realizar las reformas necesarias. Esta situación despertó el apoyo de artistas como Bunbury, Amaral, Carmen París o José Antonio Labordeta. Posteriormente, una denuncia provocó que Rodicio iniciara una huelga de hambre. Actualmente, todavía está a la espera de que le den la licencia tras haber realizado las reformas pertinentes. El hecho de que ahora se considere a las salas desde la Administración, es un triunfo que Rodicio vive como propio.
No obstante, ante la difícil situación económica, el presidente de la asociación todavía ve aspectos que deben mejorarse para afrontar el futuro. “Con el Ayuntamiento a veces falta comunicación, quedó de manifiesto en los últimos Pilares, en los que nuestra programación no apareció en el programa de mano”, apunta. Una vía que podría beneficiar tanto a las salas como al Consistorio sería realizar una programación conjunta. Indica que “a la Administración le cuesta mucho dinero la producción, en cambio nosotros ya contamos con ella y se podría aprovechar esa posibilidad”.
El gran sueño de las salas, compartido con los músicos, es la creación de una Ley de la Música estatal que regule la peculiar relación laboral existente entre ellos. “Con los profesionales no hay problema, porque suelen ser autónomos y ya te vienen con la factura, pero eso es una excepción”, explica. Con los demás, “tienes que darles de alta en la Seguridad Social, luego darles de baja y calcular el finiquito por los días que hayan estado, lo que implica un sobrecoste de gestoría”.
Falta profesionalización
De la misma opinión es Arturo Hortas, cantautor zaragozano que cuenta con tres discos en solitario. Durante los últimos tiempos, ha tocado en salas como Drinks & Pool, Juan Sebastian Bar o la Bóveda del Albergue. “Se produce una situación muy injusta con los que intentamos vivir de la música, porque hay muchos grupos que lo hacen por afición y no tienen voluntad comercial”, explica. En su opinión, toda la infraestructuras de salas debería estar más organizada “y que no tuviéramos que estar todos haciendo la guerra por nuestra cuenta”.
Jorge Pérez (Slogan y Copiloto): “A Zaragoza le falta una sala de conciertos más grande”
Tras una temporada viviendo en Barcelona, ha podido comparar el panorama y, en su género, considera que “allí hay más posibilidades”. Por ejemplo, “he actuado en l’Astrolabi, donde ha llegado a haber un concierto diario de cantautores”, explica. Considera que para un músico “es fundamental al 100% tocar con público”.
Comparte esa idea Jorge Pérez, bajista de los grupos aragoneses de pop Copiloto y Slogan. Ha recorrido buena parte de las salas zaragozanas, como La Lata de Bombillas, La Ley Seca, Oasis, La Casa del Loco o Arena Rock.
Con Slogan, participó en el último concurso Ambar Z Music. “En las actuaciones aprendes a escucharte, eso que dicen de las tablas es una verdad como un templo”. Reconoce que “ahora los locales están muy bien acondicionados, si se compara a como estaban hace unos años” y confiesa que “si bien en los festivales se cobra más, es mucho más satisfactorio tocar en una sala”.
En su opinión, a la ciudad de Zaragoza le falta “una sala de conciertos grande, que no se quede pequeña como la Oasis y no dé la sensación de vacía como la Multiusos del Auditorio”. No parece que sea el momento de aventuras arriesgadas y, mientras tanto, los locales que ya existen ponen las miras en mantenerse para que la larga lista de músicos aragoneses siga desarrollándose y pueda continuar dando tantos nombres como en el pasado reciente. 

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