Siglo XXI de Aragón
Número 67 · MAYO 2012
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SOCIEDAD
PUNTOS DE ENCUENTRO FAMILIAR

Un remanso de paz

El Punto de Encuentro Familiar que gestiona APEFA acoge a lo largo del año a cientos de personas. No es simplemente un lugar de entrega y recogida de menores que acuden ahí porque sus padres se han separado, sino un centro en el que se aboga por la seguridad y por la resolución de conflictos entre adultos que, al final, repercuten en los más pequeños. En la mayor parte de los casos, la madre es quien ostenta la custodia, y el padre quien tiene que acudir al punto de encuentro para recoger o ver al pequeño mediante una visita tutelada. Es una situación que en nuestra sociedad está cada vez más presente. Así lo confirma el volumen de casos que anualmente atienden en esta organización, que recientemente ha abierto un nuevo espacio (c/ Lorente, 51-53, de Zaragoza) en el que seguir desarrollando su intensa labor. Un servicio que gracias a esto se ha visto reforzado, en el que tan solo se mira el bienestar del menor y de sus familias.

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Los puntos de encuentro son una solución para aquellas parejas separadas con graves conflictos. Fotos: V. Lax.

NURIA ASÍN. [NOVIEMBRE 11] Son dos mujeres que en este artículo no tendrán nombre oficial, ni apellidos, ni rostro, pero sí voz. Pepi y Juani —como se las denominará— se merecen las siguientes líneas por ser ejemplo de dos situaciones que, lamentablemente, están muy presentes en la sociedad actual.

Hace bastantes años, cuando ambas conocieron a los que hoy son sus ex-parejas, nunca pensaron en el desenlace que tendrían sus vidas. Ahora, concienciadas ya de ello, se apoyan en sus hijos y en la confianza de tener ante ellas un futuro lleno de esperanza. Parte de esta confianza es la que han recuperado tras conocer la Asociación Punto de Encuentro Familiar de Aragón (APEFA), que actualmente gestiona el punto de encuentro de Huesca y los dos existentes en Zaragoza, el de la calle Blasón Aragonés y el de la calle Lorente, abierto recientemente.

Pepi acude al punto de encuentro avalada por una resolución judicial emitida por el Juzgado de Violencia de Género. La relación con su marido se rompió de manera abrupta, los malos tratos mediaron en una pareja que tenía al separarse una niña de pocos meses. Gracias a esta asociación ahora ha conseguido “estar tranquila cuando traigo a mi hija para que se vaya con su padre el fin de semana. No lo veo, ni tengo que relacionarme con él, cualquier cosa que tenemos que solventar se hace a través del punto de encuentro. Tengo una orden a alejamiento de por medio y ni quiero, ni debo verle. Me hizo mucho daño”, explica.

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Pepi es una persona que no tiene familia en Zaragoza. Es por ello por lo que acudir al punto de encuentro resulta “esencial” para hacer los intercambios. “No tengo a nadie que pueda llevar a la niña con mi ex-marido, de manera que tendría que hacerlo yo, pero la relación es mala y no sé cómo reaccionaría si me lo encontrara. Si fuera con mi hija, bien, porque ella no tiene porqué ver según qué cosas, pero si fuera sola..., prefiero no pensar en ello”, apunta.

El clima pacífico que se respira en el punto de encuentro es el que hace que los intercambios se hagan de forma normalizada. “Para mi hija venir aquí no resulta traumático, porque aquí juega, se relaciona con otros niños. Además, los técnicos ayudan a que todo se haga de forma normal. Ella no tiene el problema, somos sus papás los que lo tenemos, y es algo que hay que diferenciar”, reconoce. Porque para Pepi una cosa es su vida diaria, “donde solo quiero lo mejor para mi hija”, reconoce, y otra muy diferente el proceso judicial con su ex-pareja. “En el juzgado intentaré conseguir lo mejor para ella”, afirma con rotundidad.

El periplo hasta llegar a los intercambios en el punto de encuentro para Pepi no fue largo. “Enseguida me pusieron en contacto con ellos, otra cosa es el divorcio en sí, que está tardando más”, comenta. Y es que cuando media una situación de violencia de género, una de las primeras medidas preventivas es recomendar la utilización del punto de encuentro para hacer la recepción y entrega de los hijos, porque la seguridad de los pequeños es lo más importante. “Yo estoy totalmente tranquila, porque sé que mi ex-marido no le va a hacer nada. Creo que no me equivoco. Si algo sucediera sería una decepción todavía mayor que mi fracaso en la vida marital”, apunta Pepi.
Pilar, técnico del punto de encuentro reconoce que Pepi y su ex-pareja “han colaborado mucho para que esta situación esté totalmente normalizada, algo que se traduce en que la pequeña asuma que es algo cotidiano, lo ve como parte de su vida en fines de semana alternos”.

Precisamente normalidad es lo que buscaba Juani, quien afirma que solicitó la utilización del punto de encuentro para constatar que su ex-pareja “se hacía cargo de sus hijas”, dos en este caso. Juani acudió a esta organización, “porque había oído hablar bien de ella”, y porque su compañero “estuvo en prisión preventiva por abandono de familia”, reconoce.

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APEFA acaba de inaugurar un nuevo Punto de Encuentro Familiar en Zaragoza.

No obstante, como Juani no estaba casada, y por tanto, no había vínculos legales entre ambos, tuvo que demostrar por vía judicial “la necesidad de utilizar el punto de encuentro. El abogado me costó bastante dinero, pero ha merecido la pena, porque la actitud del padre ha cambiado totalmente respecto a sus hijas”, apostilla.

El caso de Juani fue derivado al punto de encuentro desde el Juzgado de Familia, auspiciado por la decisión de una madre que quería que sus hijas “tuvieran relación con su padre. Un niño no elige a sus progenitores, y me dolía mentirles cada vez que no venía a buscarlas cuando le tocaba”, afirma con cierta melancolía.

En un principio, cuando el padre no se hacía cargo de ellas los días convenidos “les mentía. Eran pequeños engaños para que no se desilusionaran”, dice. Frases como “no ha salido del trabajo”, “le ha surgido otra cosa”, etc. eran frecuentemente pronunciadas por Juani, excusas para preservar la inocencia de sus hijas de corta edad. Ahora, tras más de un año utilizando el punto de encuentro, Juani reconoce que a su hija mayor le va contando “pequeñas cosas, que entiendan porqué vienen aquí. No quiero engañarla, porque sería peor que luego se cayera el mito de su padre”. Con toda la crudeza, pero con un reflejo de realidad, esta joven comenta a su pequeña que si no acude al punto de encuentro “no le ven, y ella, poco a poco, lo va entendiendo”. Una postura diferente es la que mantiene con su hija más pequeña “que no tiene porqué saber según qué cosas”. Respecto a ambas niñas tiene algo claro: “tampoco tienen porqué conocer los detalles de nuestra ruptura”. El mismo sentimiento es el que posee al respecto Pepi.

TODO REGLADO

La primera reunión solicitada por el punto de encuentro con la ex-pareja de Juani costó organizarse tres meses. Él hacía caso omiso a los llamamientos, no mantenía su palabra, como tampoco lo hacía con la que había sido su compañera durante años, y no se presentaba.

Con el mismo presupuesto, APEFA ha ampliado el servicio abriendo un nuevo punto de encuentro

No obstante, una vez que acudió al centro, y con una resolución judicial de por medio, todo comenzó a fluir. “Me ha dado mucha seguridad venir al punto de encuentro, más que física, porque en mi caso la causa no fue un tema de violencia de género, sino por la certeza de que se iban a cumplir las normas”, reconoce. Un reglamento que es férreo tanto para los progenitores custodios, como era el caso de Juani, como para los no custodios. “Recuerdo perfectamente la primera cosa que me dijeron aquí: las normas están para cumplirlas”, explica Juani, quien afirma que su paso por el punto de encuentro le ha ayudado “mucho, ya que nos asesoran de cualquier duda, por ejemplo, en temas familiares. En definitiva, nos ayudan a solventar situaciones que son difíciles y moralmente dolorosas”.

Por ejemplo, en esta organización son expertos en mediación familiar, una forma de enfrentar las crisis originadas en el seno de una familia que pretende paliar los efectos negativos de los conflictos, con el menor coste emocional posible y buscando conseguir acuerdos satisfactorios y duraderos que contemplen los intereses de todos, padres, hijos y abuelos, dado que un proceso judicial hace mella no solo en la pareja, sino también en la familia más cercana, “y después de un divorcio o separación hay que seguir siendo padre y madre”, explican las protagonistas de estas líneas.

El rencor hace que puedas hablar mal de la otra persona, especialmente con los abuelos, y que se generen situaciones que los niños no entiendan; o bien, que suceda algo peor, que por dicho rencor hables mal de su padre, algo que repercute negativamente en la relación que los pequeños puedan tener con él. Pienso que la relación padre-madre-hijo tendría que ser exclusiva, aunque resulta muy difícil aislarlo de la familia más cercana, en especial, si la separación ha sido por un motivo doloroso”, apunta Juani. Posición que apoya Pepi, ya que “puede que la gente que te rodea no entienda según qué cosas. Entonces yo les digo: mi hija no ha elegido a sus padres, y se merece todo el respeto. De manera que lo que pase entre nosotros tiene que quedar entre nosotros, aunque no siempre es fácil conseguir este equilibrio”.

UN GRAN APOYO

En junio del próximo año, la Asociación Punto de Encuentro Familiar de Aragón (APEFA) cumplirá diez años de vida. Desde que comenzó su andadura, los servicios que prestan desde esta agrupación han funcionado con éxito, a juzgar por el gran volumen de casos en los que han trabajado. Así, la memoria anual de 2010 muestra que atendieron a 682 familias (682 custodios, 682 no custodios y 906 menores, lo que hace un total de 2.270 personas). En lo que va de año —hasta el 24 de octubre de 2011—, en APEFA han seguido 580 casos, 193 son nuevos y 384 provienen de ejercicios anteriores. De ellos, han conseguido cesar 170, mientras que 413 siguen activos. 350 de estos expedientes incluían una orden de alejamiento.

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También es un alto número de expedientes los que se contabilizan en el punto de encuentro familiar que gestiona APEFA, por el que han pasado en lo que va de año 649 menores —542 de Zaragoza y 107 de la provincia—. Todos estos pequeños forman parte de los 503 casos —solo en Zaragoza— que se han registrado en el punto de encuentro en lo que va de año, de los que 357 se mantienen todavía activos (a fecha 24 de octubre). De ellos, 270 se atienden en la calle Blasón Aragonés, mientras que 87 familias —97 menores— se han derivado al nuevo centro que la asociación ha abierto en la calle Lorente.

Éste último, tan solo abre los viernes (tarde), sábados y domingos (jornada completa), dado que las familias que se han enviado al mismo son aquellas que tienen un régimen de visitas de fin de semana, mientras que el de Blasón Aragonés “lo hemos dejado para los que necesitan intercambios o visitas, sean tuteladas o no, el resto de días de la semana”, explica la directora del Punto de Encuentro de Zaragoza, Mª Ángeles Val.

La apertura de este nuevo centro responde “a la necesidad”, dice Val, de contar con más espacio, “el volumen de visitas es importante, y se dan casos de tener que compatibilizar seis o siete tuteladas, y aunque el centro de Blasón Aragonés es grande, no era suficiente”, reconoce la directora. Por ello, “y para mantener la calidad del servicio”, explica la responsable, se abrió el de la calle Lorente, “siendo conscientes de que el presupuesto con el que contamos es el mismo. Firmamos el acuerdo económico el año pasado por el mismo importe que el anterior, pero vimos totalmente necesario ampliar el servicio, pero echando muchas cuentas. No obstante, los niños tienen que ser lo primero”, explica el director de APEFA, Antonio Peñalver.

Desde Siglo XXI de Aragón hemos ido reflejando la situación a la que se enfrenta esta asociación en lo relativo a la provisión de fondos públicos, que llegan con cuentagotas desde el departamento de Familia del Gobierno de Aragón, del que dependen. Sin embargo, lo que no cesa de aumentar es el número de casos que atienden. “Llegan desde el juzgado, y se atiende a todo el mundo. En un trabajo tan sensible como el nuestro no puedes poner una lista de espera”, afirma Rosa Arranz, abogada de APEFA. Evidentemente, es algo que no tiene sentido “cuando, por ejemplo, se trata de un caso de violencia. Es mejor una visita tutelada con el no custodio”, explica la experta. Sin embargo, para esta organización quizá sería más fácil no atender cada vez más casos, “siendo que los ingresos que percibimos son los mismos desde hace años. Pero queremos dormir tranquilos por las noches y decimos a todos que sí”, dice la directora de los puntos de encuentro —que a su vez también lo es del de Huesca—.

Esta escasez de medios hace que “miremos absolutamente todo. Por ejemplo, los juguetes y los muebles del de la calle Lorente son donaciones”, reconoce Antonio Peñalver. Un total de 8 personas trabajan en el punto de encuentro familiar de la calle Blasón Aragonés, 3 en el de Lorente y 4 en Huesca, aunque no todos lo hacen a tiempo completo, aún a pesar de que este servicio abre los 365 días del año. Un equipo sólido “del que estoy muy contenta. Quizá por ello también tengamos tanto volumen de casos. El trabajo bien hecho, al final tiene sus frutos”, dice Mª Ángeles Val. Una labor que tiene también grandes dosis de vocación, porque los trabajadores “se enfrentan a situaciones difíciles, a problemas entre familias en las que los niños tienen que salir apoyados, para que repercuta lo menos posible en sus vidas”, explica. Algo que no siempre es sencillo cuando media una separación dolorosa, que nunca buscan ni desean los más pequeños, pero que sí sucede afecta tremendamente a sus vidas. 

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