
La plaza de toros de Zaragoza cada día presenta más huecos porque han descendido los aficionados que compran su abono. Fotos: A Photo Agency.
Responsables de plazas de toros de la Comunidad, ganaderos y escuelas taurinas se enfrentan al reto de mantener con vida una tradición muy arraigada en Aragón que, a las dificultades económicas actuales, suma un clima político y social que no beneficia a su supervivencia.
MARCOS ESPAÑOL. [Diciembre 11] Pocos elementos de la tradición cultural hispana son tan referenciales como el toreo. Históricamente, la lidia ha estado íntimamente ligada a la sociedad aragonesa en sus festejos. Sin embargo, la crisis económica la está arrastrando, como a cualquier otro sector, a una situación complicada que se vuelve más severa ante el impacto político que están teniendo las ideas antitaurinas, especialmente en otras comunidades como Cataluña. Esta situación está llevando a sus agentes a reinventarse para mirar al futuro con garantías.

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Crisis significa cambio, y los métodos de gestión que en el pasado funcionaron hoy están obsoletos y deben revisarse. El centro neurálgico del toreo en Aragón, la plaza de La Misericordia de Zaragoza, vive estos días un cambio de empresa gestora, que será responsable del éxito o fracaso de las próximas temporadas.
El coso es propiedad de la Diputación de Zaragoza, que cede su explotación a entidades especializadas en el negocio taurino. En los últimos cuatro años, la empresa Taurodelta se ha encargado de la gestión y, pese a poder contar con una prórroga de un año, ha decidido no ejercerla. Para el nuevo pliego, el vicepresidente de la DPZ y delegado de la plaza de toros, Juan Arboniés, quiere estar asesorado por las distintas partes implicadas, a fin de no vivir de nuevo el lamentable aspecto que ofrecía el coso zaragozano en la última Feria del Pilar, con las gradas medio vacías y lidias de poco interés para los aficionados.
Para ello, el día 14 de diciembre Arboniés se reúne con las peñas taurinas, ganaderos y profesionales del toreo y analizarán qué es lo que ha estado fallando en los últimos tiempos. “Estamos viendo que han bajado los aficionados y tenemos que intentar recuperarlos”, indica el delegado de la plaza de toros.
En los últimos años, de 3.000 abonados para la Feria del Pilar se ha pasado a 600 y, si bien las entradas no alcanzaron precios excesivos (las había por menos de 10 euros), los abonos iban de 147 a los 1.100 euros. “Hay que primar la calidad frente a la cantidad en el sentido de que tal vez es interesante que no haya tantos festejos y que éstos sean de primera”, señala. Para una plaza de primera categoría como la de Zaragoza, la normativa establece que debe haber, al menos, 15 festejos por temporada (10 de toros y 5 novilladas). En la última hubo 23, pero la respuesta del público fue baja. Arboniés estima que tal vez sería interesante “ajustarse a 15, 16 ó 17”.
No obstante, los festejos populares mantienen un alto nivel de asistencia. “Durante la Feria, espectáculos como vaquillas, emboladores, etc. rozaron el lleno”, apunta Arboniés. Por ese motivo, el responsable de La Misericordia considera que Zaragoza es una ciudad taurina, aunque si nos centramos en la lidia de toros, asegura que está demostrando que no.
“Como aficionado creo que hay un desfase de dos generaciones que, por lo que sea, no se las ha mimado; ahora es el momento de ver lo que falla para que haya una continuidad entre los festejos mayores y los menores”, indica. En su opinión, los toros “no van a desaparecer a corto plazo, pero a largo quién sabe”, si bien “el hecho de que se hayan prohibido en Cataluña no responde a que no haya afición, sino es más bien una decisión política”.
El canon, pieza clave
Uno de los puntos fundamentales que debe decidir la DPZ es el canon que deberá pagar la empresa concesionaria para gestionar La Misericordia. Arboniés indica que “pondremos el precio que nos marca la ley, que es un porcentaje del valor real de la plaza”. No obstante, “la intención es que el canon sea bajo, para nosotros no hay interés de lo contrario”, asegura.

Plazas de toros en Aragón / Categoría / Aforo.
Esta voluntad es celebrada por las peñas, que consideran al canon como uno de los principales culpables de la anterior gestión de la plaza. El presidente de la Federación de Peñas Taurinas de Aragón, Ramón Olid, explica que “con un importe alto, sólo pueden participar los grandes monopolios que existen en el mundo del toro y éstos se dedican después a contratar a toreros de los que son apoderados y ganaderías que tienen en propiedad, perjudicando el espectáculo”.
Para él, “hay que abrir el abanico, y eso sólo es posible con un canon bajo”. Hace cuatro años, la cantidad abonada por Taurodelta ascendió a 360.000 euros. “Zaragoza ahora está hundida totalmente, no parece una plaza de primera categoría”, asegura el presidente de las peñas. En su opinión, la clave es “traer toros que embistan y toreros que sepan torear”, porque “hacen falta corridas comerciales, el público no está preparado para corridas duras como las que se han visto últimamente”.
Olid es crítico con las ganaderías, “que saben muy bien qué resultado va a dar cada toro, y los mejores los reservan para Madrid, Sevilla o Bilbao”. La intención es que “Zaragoza vuelva a estar dentro de ese grupo de ciudades”.
Otra fórmula que el presidente de la Federación de Peñas considera que puede favorecer a crear afición es “no repartir entradas a la tercera edad, como se hizo en la última Feria, donde en cada novillada regalaban 500 pases”. Para él es mejor opción “que las puedan repartir los peñistas, porque de este modo se invita a familiares y amigos de todas las edades que no conocen los toros y puede generarse afición”.
Las ganaderías sienten la crisis

Ricardo Giménez, de la Ganadería Hermanos Giménez.
Otro de los agentes implicados en el negocio taurino son las ganaderías, que en Aragón suman más de 30 y son herederas de una larga tradición. Se localizan en toda la Comunidad, con puntos importantes como Teruel, las Cinco Villas o la ribera del Ebro. En ellas trabajan familias que llevan la vida entera dedicadas a la cría de reses.
“La cabaña aragonesa es muy importante, somos muchos y hay ganaderías de cierto tamaño”, explica Ricardo Giménez, de la Ganadería Hermanos Giménez, ubicada en la localidad de Quinto. Lleva más de 30 años en la profesión y actualmente cuenta con una decena de toros sementales y más de 60 vacas. Su principal quebradero de cabeza con la crisis es que “los festejos populares se han reducido mucho, antes tenías espectáculos mañana y tarde y, ahora, en muchas localidades sólo hacen uno al día”, señala.
No obstante, a pesar de la creciente oposición a los festejos taurinos, considera imposible que en Aragón se prohiban. “Tenemos demasiada tradición”, indica Giménez. En el caso de que, por razones políticas, se pusiera fin a los festejos, cree que “sería el final de las ganaderías, un negocio que no se puede reconducir”.

Las ganaderías se reparten por todo Aragón, pero especialmente en Teruel, las Cinco Villas o la ribera del Ebro.
En su empresa, de tamaño medio dentro de las que existen en Aragón, trabajan dos personas fijas, pero en verano aumentan a ocho o nueve. Realizan unos 25 ó 30 festejos al año de los más de 1.000 que se celebran en la Comunidad. El precio de una sesión de unas 2 horas ronda los 1.500 euros y ellos se encargan también del transporte.
“Cada toro se come 500 ó 600 euros al año, eso si va todo bien y no sufre enfermedades”, explica el ganadero. El rendimiento de una res está entre ocho o nueve años y su cuidado implica estar pendiente las 24 horas. “Muchas veces ni dormimos”, asegura, y añade que “es duro, pero sarna con gusto no pica”.
La unión hace la fuerza
El sector taurino se resiente como cualquier otro de la crisis actual, por ello sus agentes buscan fórmulas para capear el temporal y asegurar su supervivencia. Hasta ahora, en Zaragoza convivían dos escuelas taurinas, la del Carmen y la de Torrero. Sus responsables han decidido que la mejor manera de continuar ante la complicada situación económica es aunando fuerzas y fusionándose en una sola, la Escuela Taurina de Zaragoza.

Los pequeños acuden a la Escuela Taurina a partir de los seis años.
Dirige el centro el que fuera responsable de la Escuela del Carmen, Santiago Gómez, para quien “Aragón es una tierra en la que no te ayudan, a pesar de que sea rica en talentos”. Considera que la unión puede impulsar una mayor implicación de las instituciones y asegura que, tras reunirse con el delegado de la plaza de toros de la DPZ, Juan Arboniés, “nos ha dado esperanzas”.
Actualmente la escuela cuenta con dos profesores y está centrada en alumnos que inician sus primeros pasos en el mundo de la lidia. “Vienen a partir de los 6 años y les enseñamos como colocarse, a coger la muleta... es una cuestión de paciencia y horas”, explica el director. Las clases son martes y jueves en la plaza de toros de La Misericordia, con sesiones de dos horas de duración.
Se trata de una práctica muy vocacional, que “tiene que salir de ti”, señala. La existencia de la escuela se da a conocer principalmente por el boca a boca, así como por su aparición en medios de comunicación. En los años que lleva el centro, primero como Escuela del Carmen y ahora como Escuela Taurina de Zaragoza, “habrán pasado unos 250 alumnos y todos se dedican de una u otra manera al mundo del toro, desde novilleros y banderilleros hasta sastres de trajes de luces”. Se trata de cursos gratuitos, lo que no les permite realizar grandes dispendios como “en Salamanca o Sevilla, donde las escuelas organizan sus propias novilladas”, indica Gómez.
Los que sí hacen los alumnos de la escuela es participar en espectáculos organizados en los festejos populares de distintas localidades aragonesas. “Nos llaman de pueblos para hacer demostraciones, unas 30 al año, aunque propina sólo te dan en 3 ó 4 y somos nosotros los que pagamos los desplazamientos”, explica el director, que asegura que su labor la realiza por amor al arte. Hay localidades a las que van desde hace muchos años, “como a Alcañiz o a Escucha”.

Santiago Gómez dirige la Escuela Taurina de Zaragoza.
Su esperanza es que, ahora que las escuelas taurinas de Zaragoza se han centralizado, exista apoyo institucional, “al menos para los gastos que tenemos”. El equipo básico, consistente en un capote y una muleta, cuesta “desde 300 euros para arriba”. Si luego los alumnos quieren hacerse traje, deben gastarse a partir de 180 euros.
Gómez es de la misma opinión que el delegado de la plaza de toros de Zaragoza respecto a la juventud: “se ve poca afición”. Considera que los precios de los espectáculos pueden afectar, pero, además, “ahora ven a un chico con capote para ir a entrenar y lo miran raro”, apunta. No obstante, no tiene ninguna duda en que Aragón es tierra de toros. “Aquí hay y habrá matadores, actualmente hay 10 ó 12 en activo, la mayoría de Zaragoza”. Además, “en festejos populares somos pioneros, y existe una gran afición a todo lo que sean vaquillas, roscaderos, etcétera”. En su opinión, la posibilidad de eliminar los toros en la Comunidad es un absurdo: “sería como decir que en Pamplona eliminan los encierros”.
Lo que sí afecta claramente es la crisis: “Los ayuntamientos han reducido en festejos, y eso afecta directamente al negocio de los toros”. Las dificultades, como ocurre en las ganaderías y en la propia plaza de toros de La Misericordia, no se han hecho esperar con la situación económica y, como en cualquier otro sector, buscan remedios para sobrevivir al temporal. 

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