El poder del PP se extiende como la lava tras el 20-N. En Aragón, como en todo el país, los resultados de los populares no han sido tan buenos como malos los de los socialistas y, de hecho, la coalición PP-PAR no logra superar el resultado que en 2000 obtuvo la formación conservadora en solitario. El PSOE regional se enfrenta a un futuro muy complicado, barrido en las urnas y descabezado a nivel interno.

Luisa Fernanda Rudi, José Ángel Biel y Antonio Suárez celebran su victoria en estas elecciones. Fotos: A Photo Agency
LUIS FACI. [Diciembre 11] El 20-N ratificó el vuelco político que ya avanzaron las elecciones autonómicas y municipales de mayo. Las instituciones españolas adquieren tras el envite electoral un intenso color azul gaviota, con la salvedad de Cataluña, Asturias y el País Vasco. En Aragón, los resultados fueron probablemente los únicos que podía haber. Con las circunscripciones de Huesca y Teruel repartidas casi de antemano, con dos diputados para el PP y uno para el PSOE en cada caso —este reparto se ha repetido, ya sea con victoria de los populares o de los socialistas, desde 1979, casi nada—, la duda estribaba en el séptimo diputado por Zaragoza, que se disputaban el PSOE y la coalición CHA-IU. Finalmente, como se preveía, fue la Izquierda de Aragón la que se llevó el escaño, con lo que dejó a los socialistas con el peor resultado de su historia en la comunidad tras el de 2000.
El PP aragonés, como es lógico, sale reforzado del envite. Aunque, a tenor de los resultados, lo hace con menos ímpetu que a nivel nacional: prácticamente calca los resultados obtenido en 2000 (47,3% de los votos frente al 48%), año de la mayoría absoluta de José María Aznar; sin embargo, hay que recordar que entonces no concurría mano a mano con el PAR. De forma que, sin los aragonesistas, los populares hubieran recibido menos apoyo que hace once años, y eso que la coyuntura es incluso más favorable que entonces.

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El PAR, por su parte, consigue gracias a la coalición enmascarar un porcentaje de votos que difícilmente alcanzaría su peor botín en unas generales, el 4,7%. Aun así, no logra quitarse el lastre de mera comparsa al lado del PP, algo que ha intentado remediar con sucesivos coletazos de aragonesismo, con los motivos tradicionales del partido: trasvase y Estatuto, entre otros. Pesa, de cualquier modo, el vaticinio anunciado por el socialista Javier Lambán, quien dudó de que a este ritmo el PAR siguiera existiendo para 2015.
Pasado el 20-N, cobra fuerza ya la posibilidad de que se formalice la coalición de gobierno en la DGA o que, como mínimo, entre algún consejero del PAR al Ejecutivo, algo que se da por descontado. Previsiblemente será Arturo Aliaga, lo que consolidará su papel de delfín de José Ángel Biel.
El buen momento que vive la coalición de facto se demostró con la comparecencia conjunta —un gesto muy poco habitual— del portavoz del PAR, Alfredo Boné, junto a su homólogo del PP, Antonio Torres, y el consejero de Hacienda, Mario Garcés, en la presentación del paquete de incentivos fiscales.
Tiempos duros en el PSOE
En el PSOE aragonés se aventuran tiempos muy duros. Es cierto que el desastre no se consumó del todo, ya que los socialistas lograron mantener el segundo escaño por Zaragoza y superaron por unas décimas, en el conjunto de la comunidad, lo logrado en 2000 (31,1% de entonces frente al 31,5% de ahora). Sin embargo, hace once años la situación en el partido era bien diferente, con el incipiente liderazgo de un Marcelino Iglesias que meses antes había empezado a gobernar en la región gracias al pacto con el PAR. En esta ocasión, a la debacle electoral se une el descabezamiento interno. El partido está abocado a resolver —o a enmarañar más, ya se verá— su situación con un congreso regional que se celebrará después del nacional —previsto para febrero— y del que dependerá el rumbo de los socialistas los próximos años. Y esto, en una formación tradicionalmente aquejada de larvadas guerras internas, resulta muy peligroso.
Visto con perspectiva, y con todas las cautelas dado que en las elecciones generales se suele mirar más hacia Madrid que a las respectivas provincias, los cabezas de lista del PSOE por las tres circunscripciones aragonesas no han tenido un papel brillante. Sobre todo, en el caso de Zaragoza y Huesca. Pilar Alegría apenas tuvo visibilidad durante la campaña, y cuando lo consiguió fue para lanzar mensajes con poco gancho o directamente superados, como el miedo a la derecha. Mientras, Víctor Morlán no se ha podido quitar el lastre de haber formado parte del Gobierno de Rodríguez Zapatero, una verdadera losa para cualquier aspirante.

Javier Lambán ha sido uno de los socialistas más duros con los resultados electorales del 20N.
Ahora se abre definitivamente el melón del debate sucesorio, en el que a quien más se ha oído hasta ahora ha sido al secretario provincial de Zaragoza, Javier Lambán. Su pulso tomó con una multitudinaria reunión con 1.500 militantes de la provincia de Zaragoza a principios de diciembre. El encuentro supuso todo un golpe en la mesa respecto a sus aspiraciones. Una demostración de músculo orgánico con la que el alcalde de Ejea presentó sus credenciales para el congreso regional de 2012, para el que puede postularse él mismo o proponer un candidato de su cuerda. En la cita de Épila aprovechó además para reivindicar un cambio de deriva en el partido, desde una política económica que —en su opinión— se ha dejado “en manos del neoliberalismo” a otra enfocada a iniciativas verdaderamente progresistas, como la adecuada distribución de la riqueza o la transparencia.
Durante la campaña fue uno de los socialistas que más claramente criticaron a las dos coaliciones: “El PAR está arrojándose en brazos del PP de tal manera que dudo mucho que pueda llegar a 2015” y “CHA está poniendo la memoria de Labordeta al servicio de Cayo Lara”. Estos ataques se contrarrestaron con las llamadas a que dejara uno de los tres cargos que mantiene: alcalde de Ejea, diputado provincial y autonómico. Será previsiblemente el segundo de estos puestos el que deje, todo un síntoma de por dónde van las cosas.
Aunque dentro del partido consideran que la actitud de Lambán es meramente oportunista, lo cierto es que la postura del alcalde ejeano es la una de las únicas que se ha acercado a un conato de autocrítica entre los socialistas aragoneses —ni que decir ya en la cúpula del partido— tras las sucesivas debacles de mayo y noviembre. En contra de Lambán juega el tiempo: el congreso regional no se celebrará hasta después de febrero, mes en que está previsto el nacional, y para entonces su golpe de efecto puede haber perdido fuerza.
Mucho más duro que Lambán ha sido, de entre los socialistas con peso en el partido, el ex diputado Antonio Piazuelo, que hasta ha renunciado a su cargo en la Ejecutiva regional para mostrar su disconformidad con la línea dirigente. Piazuelo pidió responsabilidades de las que no libró al propio alcalde de Ejea, de quien reclamó que dimitiera por los malos resultados electorales en la provincia de Zaragoza.
CHA-IU, resultados discretos
Tampoco fue para echar cohetes el resultado de la coalición de izquierdas CHA-IU, que obtuvo el previsible escaño aunque sin alardes. La autodenominada Izquierda de Aragón logró el 10,5% de los votos en la comunidad. Es evidente que suma más que hace tres años, cuando entre un partido y otro sumaron algo menos de un 8% de los sufragios —lo que en ningún caso les hubiera dado un escaño—, pero también que empeora los resultados de todas las elecciones al Congreso de los Diputados entre 1993 y 2004 (teniendo en cuenta, como se ha dicho, la suma de ambas formaciones). Esta circunstancia, teniendo en cuenta de que los partidos situados en el arco ideológico a la izquierda del Partido Socialista estaban ante su mejor oportunidad en muchos años, hace que el número de sufragios logrado se antoje escaso.
Los dos partidos de izquierdas no lograron capitalizar todo el voto de descontento hacia los socialistas que se preveía; gran parte ha acabado en la abstención, cuando no directamente en manos del Partido Popular. Llamativo ha sido el caso de Zaragoza capital, donde obtuvieron menos sufragios que por separado en las municipales de mayo. Es probable que haya jugado en su contra una unión diseñada a última hora y que las bases, sobre todo por parte de los nacionalistas, no han percibido de la mejor forma. Aun así, el porcentaje de votos obtenido por la coalición supera al conseguido por IU a nivel nacional, el 6,9% de los sufragios.
Atención aparte merece UPyD. Se ha quedado lejos de obtener un escaño, pero su participación ha sido aun así muy remarcable: logró la considerable cifra de 33.000 votos en la provincia de Zaragoza (apenas 16.000 menos que la coalición de izquierdas), mientras que a nivel regional, con el 5,8% de los votos, habría superado al mismo PAR de haber concurrido este partido en solitario. Y todo ello con una evidente carencia de medios y con la escasa aparición en los medios que le reservó la ley electoral. 

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