SIGLO XXI DE ARAGÓN - ENERO 2012
la renovación interna que está viviendo el PSOE marca el comienzo del año. Mientras, el PP se va afianzando en su gobierno y concretando las medidas que va a aplicar para salvar al país de la crisis que desde hace varios años tiene en jaque a empresarios, trabajadores, autónomos y a miles de desempleados.
Los ajustes en ámbitos como la fiscalidad y los impuestos, con subidas como la del IRPF, así como fuertes recortes en otros ámbitos serán algunas de las soluciones propuestas para paliar el déficit que arrastra España y reajustar unas cifras públicas que Rajoy ha cifrado en 40.000 millones de euros.
La sanidad es uno de los sectores más afectados por la deuda contraída, que obligará a controlar presupuestos y a racionalizar el gasto, esperemos que no a costa de renunciar a un buen servicio (aunque las listas de espera en algunas especialidades siguen incrementándose). También se sitúan en el punto de mira los servicios sociales y la educación. Los primeros, porque las ayudas estatales son vitales para muchos parados de España; las segundas, porque de su calidad depende la formación de las futuras generaciones que regirán y administrarán el país.
Mientras esto llega, el ámbito político sigue dando que hablar. En Aragón, los cambios se han materializado con el nombramiento de nuevos consejeros. Algunos ya estaban en el organigrama previsto por Luisa Fernanda Rudi, aunque han permutado de departamentos, pero la entrada de otros ha suscitado más de una sorpresa. Entre ellos, la ubicación de Arturo Aliaga como consejero de Industria e Innovación, cargo el primero que ya ocupó en la pasada legislatura, aunque con distinto aliado político —precisamente el pacto de gobernabilidad rubricado entre PP y PAR justifica la ubicación de un aragonesista en el organigrama del Gobierno—. Temas que en su momento impulsó Aliaga, como Gran Scala, ahora totalmente desacreditados, volverán a saltar a la palestra de este sector económico que es clave para la recuperación económica de Aragón.

La marcha de Mario Garcés, consejero de Hacienda del Ejecutivo Autonómico, para formar parte de la estructura orgánica del Ministerio que dirige Ana Pastor en Madrid, ha sido otro de los cambios más significativos. Garcés, hombre fuerte de Rudi, ha dejado el gobierno aragonés para ocupar un puesto técnico en el Ministerio de Fomento, algo que ha sorprendido al no ser un cargo de primera fila, solo entendible porque este movimiento sea la plataforma para posicionarse en un cargo más alto en un futuro próximo.
A la par, en el PSOE mantienen su lucha interna por posicionar a un candidato que sustituya a Zapatero. Los nombres ya se han definido: Alfredo Pérez Rubalcaba y Carmen Chacón. El primero, hombre fuerte y apuesta con solera dentro de las filas socialistas. Ha capeado el temporal en estos comicios —aún con gran pérdida de votantes—, y es el preferido de los sectores más conservadores del PSOE, entre ellos, una amplia mayoría de los concejales socialistas del Ayuntamiento de Zaragoza.
Sin embargo, el alcalde Belloch —y sus seguidores— se posicionan por la delfina de Zapatero. Mujer, joven y que aportará aire fresco. Chacón ofrecerá otra visión de la política, aunque en los tiempos que corren y viendo en la posición que se encuentra el partido, no se sabe si es mejor renovar o quedarse con un viejo conocido. Lo que sí es “vox populi” es que si la catalana es la elegida, Eva Almunia, gran amiga de ésta, marchará a Madrid para ocupar algún cargo junto a ella y a otra de sus compañeras, Leire Pajín. Mientras, la oscense no se deja ver mucho, hecho que ha hecho suscitar más de un comentario entre sus compañeros de partido y entre los de la oposición.
Todos estos movimientos, hasta que se vayan definiendo, serán algunos de los asuntos que seguiremos tratando en Siglo XXI de Aragón durante 2012. Junto a ellos, en este número, otros temas de actualidad, como el programa Red de carreteras, ahora muy discutido por su alto coste; la crisis del pequeño comercio, un sector que en Aragón genera el 13% del PIB de esta Comunidad Autónoma, y, en economía, la repercusión real que tendrán las medidas impuestas por el Ejecutivo Autonómico en la propia ciudadanía. Temas que afectan directamente al bolsillo de los contribuyentes, cientos de personas que aguantan la crisis como pueden, inmersos en una situación que no han elegido, pero que les costará mucho superar. De ahí la necesidad de rebajar el paro generando trabajo, fomentar las inversiones y no rebajar los salarios —algo que lamentablemente sucede a menudo— para favorecer el consumo e intentar reactivar, poco a poco, una economía que ha hundido en la miseria a miles de personas anónimas. 

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