
Un centenar de aragoneses acuden al centro que ATECEA tiene en Zaragoza. Fotos: A Photo Agency
Un accidente, un tumor, un ictus… Un fallo en el cerebro y un daño que será difícil reparar. Cada año, hay 5.000 personas afectadas por un Daño Cerebral Sobrevenido, una auténtica pandemia silenciosa. La Sanidad Pública ha avanzado y salva las vidas de los pacientes pero no plantea terapias para su rehabilitación. Son personas que necesitan fisioterapeutas, logopedas, psicólogos, trabajadores sociales, médicos... A eso se suma el drama de familias a las que les cambia la realidad en un segundo. Aragón cuenta con un cetro referente que ofrece una terapia integral. Es el sueño de las familias que en 1995 crearon la Asociación de Traumatismo Encéfalo Craneal y Daño Cerebral Sobrevenido de Aragón. Atiende a 104 pacientes mensualmente… Aunque en Aragón, hay 9.400.
NATALIA HUERTA. [Enero 12] Un día cogió el coche para trabajar, paró en un semáforo pero el vehículo que conducía detrás no frenó y la arrolló. Volvió a su casa en una silla de ruedas: no podía andar, no sabía hablar... Es el caso de una de las pacientes que acude al centro que la Asociación de Traumatismo Encéfalo Craneal y Daño Cerebral Sobrevenido de Aragón (ATECEA) tiene en Zaragoza. Como explica su directora, Teresa Rueda, “le habían salvado la vida, pero quedaba algo muy difícil, llenar la vida de contenido”. Es el único centro de rehabilitación y tratamiento integral para personas afectadas de manera directa por Daño Cerebral Sobrevenido en Aragón. Es el sueño de una asociación creada en 1995 por familiares que buscaban autoapoyo.

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Según datos recientes, en España hay 5.000 nuevos casos de Daño Cerebral sobrevenido al año. De hecho, ya se le conoce como “una pandemia silenciosa”, a pesar de que el número de enfermos supera ya los 300.000 en nuestro país. El perfil, sorprendentemente es el de un varón de entre 25 y 35 años, que ha sufrido un accidente cardiovascular, como un ictus… El 60% de las personas con DCA en España no puede realizar alguna actividad básica de la vida diaria y un 45%, presenta una discapacidad severa o total. Ellos son los pacientes, pero los afectados son muchos más, porque su lesión en el cerebro afecta a su vida diaria y repercute en su entorno familiar…
Teresa Rueda apunta que “tras el accidente “el disco duro que es tu cerebro se ha dañado, es como si no le diéramos a guardar, pero con trabajo podremos recuperar partes a través estrategias para vivir la máxima dignidad e independiente posible”. La sede de ATECEA se ha convertido en un nuevo hogar para 104 aragoneses. En ella, trabaja un equipo de veinte profesionales de áreas como psicología, logopedia, fisioterapia, terapia ocupacional, trabajo social e incluso neuropsiquiatría. “Los avances son lentísimos, pero la lástima hay que dejarla en casa… Aquí no hay milagros, hay trabajo, y no se consiguen avances sentado en casa en una silla de ruedas”.
Hay milagros. Como el de Jesús Jiménez que sufrió un aneurisma. “En ATECEA trabajo para potenciar la parte de mi cerebro que no está muerta”. Conoció la entidad “por el psicólogo que me trataba, que nos dijo que en la Seguridad Social no podían hacer más… Si no fuera por mi mujer y por este centro, estaría vegetal”. O Miguel Ángel Planas que, sufrió un ictus cerebral. “Cuando sales del Hospital San Juan de Dios te dejan abandonado, mientras estás ingresado estás cuidado, pero cuando te dan el alta, tu familia tiene que buscarse la vida”. Miguel Ángel cree que “la rehabilitación aquí es perfecta, entré en cuatro ruedas y ahora voy con una muletilla a todas partes”.
El centro atiende, mensualmente, a 104 personas de las tres provincias aragonesas. Pero en Aragón hay 9.400 enfermos. ¿Dónde se atiende a los otros? El centro se ha quedado pequeño. Pero son conscientes de que es mal momento para pedir apoyo… Aunque lo pedirían… “A mí me gustaría tener muchas cosas, pero sobre todo que las sociedad y las administraciones se conciencien de la necesidad que existe de atender a estos enfermos, y que se activen herramientas para que cuando salgan del hospital, las familias no se sientan a la deriva” señala Teresa Rueda.

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